SECRETARIUS GENERALIS
DE FORMATIONE
C.SS.R.
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MISIÓN DE LA CONGREGACIÓN DEL
SANTÍSIMO REDENTOR EN LA IGLESIA

1 - La Congregación del Santísimo Redentor, fundada por san Alfonso, es un Instituto religioso misionero clerical, de derecho pontificio y exento, integrado por miembros de diversos ritos, cuyo fin es "seguir el ejemplo de Jesucristo Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como Él dijo de sí mismo: Me envió a anunciar la buena nueva a los pobres". La Congregación participa así de la misión de la Iglesia que, por ser sacramento universal de salvación, es esencialmente misionera.

Esto lo lleva a cabo acudiendo con dinamismo misionero y esforzándose por evangelizar en las urgencias pastorales a los más abandonados, especialmente a los pobres. La Congregación sigue el ejemplo de Cristo por medio de la vida apostólica, que comprende a la vez la vida de especial consagración a Dios y la actividad misionera de los redentoristas.


UN MODO DE VIVIR
 
 
 
 
La misión unifica toda la vida
 
 
 
77 - El fin apostólico de la Congregación ha de inspirar y abarcar todo el proceso de la formación de sus miembros. Este proceso comprende la selección de vocaciones, los diversos períodos formativos y también la formación que se prolonga a lo largo de toda la existencia.

78 - La formación tiene por objeto llevar a los candidatos y a los congregados a tal grado de madurez humana y cristiana que ellos mismos, con la gracia de Dios, puedan entregarse total, consciente y libremente al servicio de la Iglesia misionera en la vida comunitaria de los redentoristas para anunciar el evangelio a los pobres.

Vayan descubriendo gradualmente las exigencias del seguimiento de Cristo que dimanan de la misma consagración bautismal y que son corroboradas con mayor plenitud por la profesión religiosa, de tal manera que lleguen a ser auténticos misioneros.

 
Los directores de la formación
 
La formación continuada
90 - Los redentoristas serán misioneros más eficaces en la medida en que vayan adaptando convenientemente cada día más su propia actividad apostólica y unan a ella más estrechamente una continua renovación de sí mismos: espiritual, científica y pastoral.
Por eso, cada congregado trate de enriquecer y revitalizar su propio ministerio con el reiterado estudio de las ciencias sagradas y humanas, y con el fraterno intercambio entre los cohermanos.

El superior (vice)provincial debe preocuparse de la formación continua de todos los cohermanos, mediante centros o cursos de teología y pastoral, o por la asistencia a cursos en facultades o la participación en reuniones regionales o nacionales. Además, siguiendo el ejemplo del Fundador, nuestra Congregación promueve los estudios superiores de las ciencias sagradas, para responder mejor a su finalidad misionera.

 
Destino de los bienes temporales
 
Comunidad de trabajo
 
037 - El superior de cada comunidad, como promotor de una continua actualización, cuidará de reunir a los congregados en determinadas ocasiones, de acuerdo con los Estatutos (vice)provinciales, para el estudio y revisión de aquellas cuestiones de teología, de pastoral y similares, más íntimamente relacionadas con las actividades de los congregados, a fin de que se reafirmen en la confianza de la vocación y se renueven en el ministerio (cf. CC. 38; 73; 90; 103; 136; 139; Est. 048). En estas sesiones de estudio téngase siempre en cuenta la Iglesia local y su pastoral orgánica (cf. CC. 18; 135; Est. 04). Finalizado algún trabajo apostólico, o después de ciertos períodos de vida comunitaria, será oportuno hacer una evaluación, a fin de que todos lleguen a comprender mejor los designios de Dios, y atiendan con más eficacia al bien de la Iglesia.

La formación de los candidatos
 
 
 
Escudo de la Congregación Redentorista
San Clemente María Hofbauer, Misionero y Propagador de la Congregación.
Lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra.
A fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo.
Pertenecen a los grupos humanos entre quienes trabajan.
Hacen partícipes a todos del gozo del evangelio.
2 - Para realizar esta misión en la Iglesia, la Congregación reúne hermanos que, viviendo en común, constituyen un cuerpo misionero y, según el ministerio propio de cada uno, se vinculan orgánicamente a él por la profesión.

EL MISIONERO REDENTORISTA
Comunidad de personas


34 - Existe ya comunidad cristiana en toda relación personal que se da entre los congregados: "Donde dos o tres se reúnen en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos" (Mt 18,20). Esta reunión en el nombre del Señor expresa aquella amistad evangélica que anima la comunidad apostólica en todos los aspectos, incluso los jurídicos y administrativos, y que alimenta y promueve la vida comunitaria de los congregados.

35 - Por lo cual, en la comunidad todos los cohermanos son de por sí iguales y cada cual, según su propia condición, es partícipe y corresponsable en la vida y en la realización de la misión que han asumido.

36 - A la comunidad le toca proveer a la promoción de las personas, propiciar las relaciones interpersonales y ser una verdadera fraternidad. Lo cual exige que se tengan en gran aprecio las personas y todos sus valores y cualidades, y que se fomente la madurez y la responsabilidad de todos los cohermanos, dando a cada uno oportunidades de tomar decisiones personales.

37 - De este modo, la misma vida y el celo de la comunidad se nutren y desarrollan tanto en su aspecto interno cuanto en la obra de la evangelización encomendada a los congregados. Se da, además, un continuo y fructuoso influjo entre la comunidad y cada uno de sus miembros; así la comunidad estimula y enriquece la vocación de todos.

38 - En la comunión de voluntades en Cristo y la mutua estima, será fácil determinar lo que exige el bien común de todo el grupo en cuanto a la caridad fraterna y la obra misionera.
Para alcanzar este fin común cada uno, impulsado por el amor recíproco y con total entrega de sí mismo, esfuércese, cuanto esté de su parte, por poner en ejecución lo que en comunidad se haya decidido.


En la comunidad todos los cohermanos son iguales y cada cual, según su propia condición, es partícipe y corresponsable.

Esta reunión en el nombre del Señor expresa aquella amistad evangélica.
43 - La comunidad primaria y básica para los congregados es su propia comunidad religiosa. Pero ésta debe estar abierta al mundo que los rodea a fin de que, a través de los contactos humanos, conozcan los signos de los tiempos y lugares, y se adapten mejor a las exigencias de la evangelización (cf. C. 19). Pues los congregados, de hecho, pertenecen en cierto modo a otras comunidades, especialmente a los grupos humanos entre quienes trabajan. Así, sin dejar de lado la propia comunidad, hacen partícipes a todos del gozo del evangelio que ellos viven, y se convierten en fermento del mundo y testimonio viviente de esperanza.

Comunidad abierta


Comunidad organizada


La misión de Cristo Redentor, razón de nuestra entrega


46 – Por la profesión religiosa los congregados consolidan su existencia personal y comunitaria para dedicarse por entero al anuncio del evangelio y ejercitarse en la perfección de la caridad apostólica, que es lo que constituye el fin propio de la Congregación.

49 – Escogidos para la obra a que han sido llamados (cf. Hch 13,2), los congregados están dispuestos a entregarse de por vida a su vocación y a renunciar a sí mismos y a cuanto poseen para ser discípulos de Cristo y hacerse todo para todos (cf. 1Cor 9,22).

50 – Dentro de la Iglesia, que continúa y desarrolla la misión salvadora, los redentoristas siguen el mismo camino que Cristo: el camino de la virginidad, de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió vencedor por su resurrección. Así participan de manera peculiar en el mismo misterio de la Iglesia y se identifican más profunda¬mente con el misterio pascual.

52 - La caridad apostólica, por la que los redentoristas participan en la misión de Cristo Redentor, constituye el principio unificador de toda su existencia. Pues por ella se identifican en cierto modo con Cristo, quien, por medio de ellos, continúa cumpliendo la voluntad del Padre al realizar la redención de los hombres.

53 - Puesto que la gloria de Dios y la salvación del mundo, el amor a Dios y el amor al prójimo, son una única realidad, los redentoristas viven la unión con el Señor bajo la forma de caridad apostólica y buscan la gloria divina mediante la caridad misionera.

54 - De este modo la caridad pastoral configura la vida de los congregados y le confiere unidad. En efecto, la vida comunitaria está al servicio del apostolado; la conversión continua, fruto de la total entrega a Dios, acrecienta la disponibilidad para el servicio a los demás; y también los mismos vínculos religiosos, por los que se consagran a Dios, incluyen necesariamente y estimulan la dimensión apostólica de los congregados. Por todo esto la profesión religiosa viene a ser el acto definitivo de toda la vida misionera de los redentoristas.

Objetivos de la formación
79 - El vigor de la Congregación para continuar su misión apostólica depende del número y de la calidad de los candidatos que quieran incorporarse a la comunidad redentorista. Por ello, todos los cohermanos, gracias a la estima y el amor a la propia vocación, aplíquense a la pastoral del fomento de vocaciones para la Congregación.

80 - Es el mismo Espíritu de Cristo el que suscita misioneros en la Iglesia. De ordinario se sirve de los contactos y relaciones humanas para transmitir el llamamiento de Cristo a sus apóstoles. De ahí que todo congregado, en el trato con los demás en su ministerio apostólico, debe estar atento a descubrir y discernir los dones que el Espíritu otorga a muchos jóvenes. Por lo demás, recuerden todos que el medio mejor y más eficaz de promover vocaciones es la oración insistente, junto con el ejemplo de la propia vida y el celo apostólico (cf. Mt 9,38; Lc 10,2).

La promoción de vocaciones
82 - Todos los congregados tienen su responsabilidad en la obra de la formación, no sólo de los que se inician en la vida del Instituto, sino también con respecto a todos los cohermanos, pues la Congregación es un cuerpo que está en constante desarrollo y formación, según las necesidades de aquellos a quienes proclama el evangelio. Pero en esta materia les incumbe una responsabilidad especial a los superiores mayores; ellos tienen que proveer a la formación, sobre todo organizando un cuerpo selecto de formadores. Pues es necesario que los formadores posean una especial preparación y tengan una adecuada experiencia de la vida misionera de la Congregación.

83 - Los formadores, en comunión de ánimos y voluntades, para servicio de aquellos que esperan su ayuda, actúen de modo ponderado y adaptado a las circunstancias. Asesorados de peritos, pongan empeño en discernir las vocaciones y crear un ambiente que permita a los candidatos realizar una elección consciente y libre. Han de considerarse no tanto como maestros que comunican ciencia sino como servidores de la verdad que, en unión con sus discípulos, buscan con paciencia y sencillez.
Los candidatos cooperen generosa y humildemente con sus formadores. De ellos han de aprender, a la luz de la fe consolidada por la meditación de la divina Palabra, a buscar a Dios siempre, a reconocer los signos de los tiempos, a ver a Cristo en todas las personas, y a estimar rectamente los valores humanos. Así podrán impregnar su existencia de sabiduría evangélica para llegar a ser fieles testigos y pregoneros de la buena nueva.

II. La formación espiritual

056 - Se ha de enseñar diligentemente a los candidatos a buscar y amar vivamente a Cristo Redentor en la fiel meditación de la Palabra de Dios, sobre todo en los evangelios, en la oración y en la celebración de la sagrada liturgia, haciendo suyos el espíritu y la práctica de los consejos evangélicos y de las bienaventuranzas. Que se compenetren con el misterio de la Iglesia y aprendan a participar en toda la vida eclesial. Que amen y veneren con confianza a la Bienaventurada Virgen María, reina de los apóstoles, a san Alfonso y a los otros santos de la Congregación.

III. La formación para la vida comunitaria
20 - Los redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genuinos de san Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su
Movidos por el espíritu apostólico e imbuidos del celo del Fundador, fieles a la tradición marcada por sus antepasados y atentos a los signos de los tiempos, todos los redentoristas, "como cooperadores, socios y servidores de Jesucristo en la gran obra de la redención":

  • son enviados a predicar el evangelio de salvación a los pobres (cap. I),
  • constituyen una comunidad apostólica (cap. II),
  • consagrada de modo especial al Señor (cap. IIl:),
  • que recibe una formación apropiada (cap. IV)
  • y está provista de formas adecuadas de gobierno (cap. V).

misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su palabra, y por la abnegación de sí mismos se mantienen disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo.
44 - Para expresar y propiciar la promoción de las personas dedicadas conjuntamente a la caridad pastoral, cada comunidad necesita una organización adecuada y un plan concreto de vida comunitaria.
De acuerdo con lo que establezcan los Estatutos generales, trácense las oportunas reglas de vida, que mejor se acomoden a las características humanas de la comunidad. Las tomarán tanto de la tradición cristiana y redentorista, como de la vida social y de los derechos inherentes a la persona humana.

45 - 1º Estas normas, a las que han de atenerse con lealtad todos los miembros de la comunidad, deben ser tales que, por su naturaleza y en vista de las tareas misioneras, puedan adaptarse a lo que exijan la Iglesia, las circunstancias de tiempo y lugar, así como la cultura e índole propia de cada pueblo. 2º En diálogo comunitario contribuyan solidariamente a crear un clima favorable a la oración y al trabajo, a la soledad y a la revisión de vida, a la recreación y al descanso.


144 - a - Los congregados deben utilizar los bienes temporales para aquellos fines a los que es lícito destinarlos, es decir, para el propio y honesto sustento; para llevar a cabo las obras de apostolado o de caridad, especialmente en favor de los indigentes, y para proveer al culto divino.

b - Procúrense las cosas necesarias para el sustento y para sus actividades, desechando toda preocupación excesiva y confiándose a la providencia del Padre celestial.

c - Corresponde a los superiores, a los Consejos, a los Capítulos, el derecho a disponer de los bienes temporales, conforme a las normas de las Constituciones y Estatutos, observado el derecho universal.

054 - Durante todo el período formativo provéase adecuadamente a una formación integral de los candidatos, que abarque todos los aspectos de la vida tanto humana como cristiana. A los que no son aptos hay que aconsejarles a tiempo que abandonen nuestra vida y ayudarles para que, conscientes de su vocación cristiana, se dediquen generosamente al apostolado seglar.

I. La madurez que deben adquirir

055 - La madurez psicológica que deben adquirir los candidatos se comprueba por una cierta estabilidad de ánimo, necesaria para cultivar el celibato como carisma de consagración a Dios y los otros consejos evangélicos; en la recta manera de juzgar sobre las personas y sobre los acontecimientos, y en la capacidad de tomar decisiones ponderadas sobre la vida apostólica que se ha de llevar en la comunidad.

Cada comunidad necesita una organización adecuada y un plan concreto de vida comunitaria.
50 – Dentro de la Iglesia, que continúa y desarrolla la misión salvadora, los redentoristas siguen el mismo camino que Cristo: el camino de la virginidad, de la pobreza, de la obediencia, del servicio y de la inmolación de sí mismo hasta la muerte, de la que salió vencedor por su resurrección. Así participan de manera peculiar en el mismo misterio de la Iglesia y se identifican más profundamente con el misterio pascual.

Renuncian a sí mismos y a cuanto poseen para ser discípulos de Cristo y hacerse todo para todos.
La caridad apostólica constituye el principio unificador de toda su existencia.
La formación se prolonga a lo largo de toda la existencia.
El medio mejor y más eficaz de promover vocaciones es la oración insistente, junto con el ejemplo de la propia vida y el celo apostólico.
Es necesario que los formadores posean una especial preparación y tengan una adecuada experiencia misionera.
Los candidatos cooperen generosa y humildemente con sus formadores.
Nuestra Congregación promueve los estudios superiores de las ciencias sagradas, para responder mejor a su finalidad misionera.
Confiándose a la providencia del Padre celestial.
Téngase siempre en cuenta la Iglesia local y su pastoral orgánica.
A fin de que se reafirmen en la confianza de la vocación y se renueven en el ministerio.
La formación integral de los candidatos abarca todos los aspectos de la vida.
057 - Sean también educados en el cultivo de las virtudes propias de la vida de comunidad apostólica, como son: la caridad fraterna, la abnegación de sí mismo y la disponibilidad para con todos, especialmente con los humildes y los pobres, la capacidad para formar equipo en el trabajo apostólico, la audacia y la firme confianza, la sencillez y sinceridad de corazón, la fortaleza de ánimo y la benignidad, el gozo en todo padecimiento, en las necesidades, los trabajos, las tribulaciones, las angustias y las persecuciones por Cristo (cf. C. 20; 2Cor 3-7; 10-12).

IV. La formación pastoral

058 - La nota peculiar de la formación misionera, que debe brillar con toda claridad, es la índole pastoral de todo el proceso formativo. A fin de que los candidatos puedan renovar y acrecentar la propia fe en el misterio de la salvación y anunciar con confianza el evangelio a los hombres, todo lo referente a la formación, tanto los estudios como la vida espiritual, debe conjugarse con prácticas y experiencias apostólicas.

059 - Como miembros de un Instituto religioso dedicado al apostolado, para que no se encuentren impreparados ante la misión, han de ser instruidos convenientemente, según la capacidad intelectual y la índole personal de cada uno, sobre las costumbres vigentes y el modo de sentir y pensar en la vida de la sociedad contemporánea.

La nota peculiar de la formación misionera es la índole pastoral de todo el proceso formativo.