SECRETARIUS GENERALIS
DE FORMATIONE
C.SS.R.
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Querido Cohermano,

Reciba con un fraterno saludo los mejores deseos de bendición cuando acabamos de celebrar la Memoria del Beato Gaspar Stanggassinger, Patrono de los Formadores Redentoristas.

Vamos llegando al final del Año de la Promoción de la Vocación Misionera Redentorista y expresamos la satisfacción por las múltiples actividades programadas y realizadas.

Usted recibe en esta ocasión el artículo escrito por el P. Serafino Fiore, C.Ss.R. sobre el tema Reestructuración y Formación. Tanto el autor como su escrito expresan mensajes actuales e importantes para la Congregación Redentorista. Nuestro agradecimiento al Padre Serafino Fiore por su artículo y la invitación que nos hacemos a asimilar el contenido.

En esta ocasión, les invitamos a realizar especiales actividades y celebraciones con ocasión de la Clausura del Año de la Promoción de la Vocación Misionera Redentorista fijado para el 9 de noviembre. Les invitamos a retomar las publicaciones, videos, canciones, entrevistas, fotos, carteles, etc., así como otro tipo de actividades y eventos realizados durante este año. También les  anunciamos que, en breve, el P. General comunicará a la Congregación la institución del "Día de la Promoción de la Vocación Misionera Redentorista" que se celebrará cada año en toda la Congregación.

Otro motivo que nos anima es la próxima iniciación del Año de la Vida Consagrada, anunciado en la Carta "Alegraos" de la Congregación para los Institutos de Vida Consagrada y las Sociedades de Vida Apostólica, del pasado 2 de febrero. Han seguido muchas reflexiones del Papa Francisco y seguirán documentos y programas a muchos niveles. Desde ya los Redentoristas nos preparamos a esta gran celebración.

Fraternalmente,


Secretariado General de Formación Redentorista




AÑO VOCACIONAL
MISIONERO REDENTORISTA


Roma, 26 de Septiembre 2014  -  SEGF 2014/228
En la Memoria del Beato Gaspar Stanggassinger.

Nuevo Artículo para la Formación Inicial y Permanente

Reestructuración y Formación.
REESTRUCTURACIÓN Y FORMACIÓN

Serafino Fiore,  C.Ss.R.
SITIO EN CONSTRUCCIÓN

2.   "Adaptar la propia estructura e  instituciones a las necesidades  apostólicas" (Const. 96) debería ser para nosotros, Redentoristas, una labor siempre en progreso. "Porque deben estar en  búsqueda  incesante de nuevas iniciativas apostólicas bajo la dirección de la autoridad legítima, se les  prohíbe  instalarse en situaciones y estructuras en las que su actuación perdería el distintivo misionero  "(Const. 15) debería ser un esfuerzo constante y ordinario.

3.     La realidad es que acontece lo contrario: justificamos un compromiso apostólico para no cuestionar nuestras estructuras. Seguimos estando en un determinado lugar sencillamente por razones afectivas, o históricas, o simplemente por inercia incluso cuando ya no somos misioneros como querrían nuestras Constituciones. Cambiar nos cuesta; y quien paga las consecuencias es la eficacia de nuestra misión.

1  En la presentación de este documento se ha incluido una numeración de párrafos para facilitar las referencias al texto y su empleo en Seminarios y trabajos de grupo. Nota de Edición.
4.    Antes de proseguir, conviene aclarar qué entendemos por "estructuras". Ésta es una expresión que usan varias veces las Constituciones y Estatutos (véanse, además de las  Constituciones anteriormente citadas, 15 y 96, también la Const. 92 así como el Título de la Sección I del Capítulo V de las Constituciones; el Est. Gen. 030 y también el Título de la Sección I del Capítulo V de los Estatutos). A la luz de estas citas, podemos entender por "estructura" todo cuanto sustenta nuestra misión, permitiéndole subsistir y organizarse. En la práctica y de forma más concreta, entendemos por estructuras nuestras Unidades (Provincias y Viceprovincias, Regiones y Misiones), el modo como se relacionan entre sí, la administración económica tanto de las Unidades como del Gobierno General y del Gobierno de la comunidad apostólica, etc.

5.     A fin de revisar nuestra misión bajo estos dos aspectos, el Capítulo General asignó a las Conferencias un gran cometido: ser estructuras intermedias entre el Gobierno General y las distintas Unidades.
1.     La reestructuración es un proceso al que la  Congregación somete la revisión de su misión en el  mundo de hoy. Fueron los últimos Capítulos Generales - a partir de 1979 - los que se plantearon este tema si bien fue, finalmente, el Capítulo de 2009 el que tomó decisiones más concretas al respecto. [1] 

6.      En efecto, la reestructuración consta de dos aspectos fundamentales:

7.     El primero es concreto y visible, y comporta decisiones específicas. Hay que  cuestionar  nuestras "estructuras" y el modo como funcionan; por ejemplo, la existencia de una determinada casa, el número de Unidades en un mismo país, la gestión de la economía a nivel local, (v)provincial, mundial, etc.... Sobre todo, hay que cuestionarse el modo como nos pensamos y nos definimos a nosotros mismos: ¿Somos un conjunto de Unidades más o menos autónomas? o ¿Somos, más bien, "un cuerpo misionero" (Const. 2) capaz de poner eficazmente "la vida de los congregados" en comunión con las demás partes del Instituto (Const. 93)?  En el primer caso se afirmaría el principio de descentralización, que ha estado rigiendo hasta ahora la vida de la Congregación. En el segundo caso, asistiríamos a un movimiento de mayor comunión.

8.      El segundo aspecto es igualmente concreto, pero menos visible. "Vemos la reestructuración como un  proceso, como una dinámica de transformación  personal y comunitaria, que analiza la realidad  actual, evalúa las reestructuras que tenemos y, en caso  necesario, se  dispone a cambiarlas a fin de que seamos  fieles al carisma y al  servicio de la  misión" (Communicanda 1 [2004], 31). Aquí no se trata de decidir, sino de un camino que emprender, alentar y  acompañar. Sin él, la reestructuración "visible" no llegaría a ninguna parte, o crearía más problemas de los que resolvería. Lo fundamental es que la reestructuración suscite "una nueva disponibilidad para la  misión" (XXIV Capítulo General CSSR, Decisiones relativas a la   reestructuración, Principio Nº 2).

9.      De una cosa hay que ser conscientes: de que es más fácil cerrar una casa, fusionar dos Unidades en una, que no llevar adelante, de forma constante y gradual, esta "dinámica de transformación". Se trata de "renovar nuestro modo de pensar" (Rom 12,2).
Estamos llamados a ponernos en un estado de sana inquietud. Se requieren nuevos modelos, nuevos hábitos, una nueva mentalidad; la formación permanente puede hacer mucho al respecto. Pero la formación inicial sigue siendo una inversión prioritaria a fin de que las  nuevas generaciones de Redentoristas garanticen el "vino nuevo  en odres nuevos" (Mc 2.22) para la misión de la Congregación.

10.    Como compromiso inmediato, el XXIV Capítulo General nos pidió reexaminar nuestras prioridades pastorales y, después, dar un paso más: el que corresponde, concretamente, a las actividades con las que ejercemos dichas prioridades: "Para proyectar nuestras tareas apostólicas, de  forma que sean más cercanas a nuestras prioridades, se empleará el continuo discernimiento, decisión  y evaluación" (XXIV Capítulo General CSSR, Decisiones relativas a la Reestructuración, 1.2).

11.    El de la reestructuración es un proceso aún en curso y, según nuestras Constituciones y Estatutos, debería estarlo siempre. Pero para que dicha reestructuración tuviera un impacto real en nuestra formación, sería bueno que supiéramos en qué medida la reestructuración cuestiona dicha formación. Estaría bien tener claro ante los ojos  los objetivos y los motivos por los que debemos actuar. He aquí, a diversos niveles, algunas pistas concretas:

Cómo y por qué la reestructuración incide en la formación
12.     La conversión misionera es un desafío a todos los Redentoristas, con independencia de su edad. Este reto debe explicitarse en los directorios y en la puesta en práctica de la formación inicial y  continua (XXIV Capítulo General, Decisiones, 1.5)

13.     "Si la conversión misionera es un desafío a todos los Redentoristas, con independencia de su  edad",  no menos debería serlo para un candidato en formación inicial debido a que dicha conversión ha de traducirse en una actitud fundamental ante los desafíos de la vida, actitud  que se expresa en la capacidad de aprender de las experiencias vividas, en el confrontar sistemáticamente los propios criterios con los del Evangelio, en no ser rígidos, en aprender a anteponer a los demás al propio yo, en la capacidad de escucha, en apreciar la vida como un regalo, etc.

14.     Si lo anterior es cierto para la formación en general, se impone un cierto realismo cuando dicha formación se plantea dentro del cometido propio de la labor de reestructuración. Ante todo, hay que tener en cuenta lo siguiente: en clave de formación, el tema de la "reestructuración" es relativamente nuevo para la Congregación. Los documentos hasta ahora en uso - incluyendo en ellos la Ratio y demás documentos pensados para los formadores - no nos dan demasiadas  indicaciones al respecto. Las propias  Constituciones y Estatutos de 1982, incluso cuando dan por descontada la continua adaptación de nuestras estructuras, no sacan las correspondientes consecuencias a nivel formativo. Aunque el Capítulo IV de nuestras Constituciones habla de la Formación en vistas a la "Congregación", lo que se afirma en él, en la práctica, es el principio de descentralización: que todas las Unidades tengan sus propias estructuras formativas y, naturalmente, con sus propios criterios, con sus propios programas y, todo, al servicio de su propia misión. Pensar con una perspectiva más amplia es, por tanto, un desafío no sólo para los candidatos, sino también para los propios formadores que, en este sentido, no disponen de muchas indicaciones.

15.     La anteriormente mencionada "dinámica de transformación personal y comunitaria" cuestiona, en efecto, la formación inicial; más aún: es sobre todo la formación inicial la que se cuestiona.

16.     De hecho, aparece  como específico de la formación inicial su dimensión de "sueño", de visión. Es en los años del postulantado, del noviciado, del estudiantado cuando se transmite la pasión por el crecimiento personal en sus diversos aspectos: humano, espiritual, comunitario, cultural, pastoral. Pero este crecimiento no es un fin en sí mismo, sino que está motivado por el objetivo al que se orienta la formación; es decir, si lo que se quiere con ella es un Redentorista para la propia Unidad o, más bien, un Redentorista para el mundo entero. Todo lo demás será puro reflejo de esto.

17.     De todo lo anterior se deriva una consecuencia muy importante: desde la etapa de la Pastoral Vocacional, el posible candidato debe saber que la vocación redentorista exige la disponibilidad de ser enviado a cualquier parte, a cualquiera de los países y continentes en los que está la Congregación. Esta disponibilidad, cuando menos, es un requisito fundamental.

18.     En las etapas  sucesivas es esencial que uno tenga claro ante sí un objetivo formativo y las estructuras adecuadas.

Objetivo de la formación
19.     Un mundo globalizado así como la misión que los Redentoristas están llamados a realizar en él, exige nuevas respuestas y, sobre todo, nuevas actitudes de vida.

20.     Estas actitudes se enraízan en una eclesiología de comunión, la que nos legó el Concilio Vaticano II. En ella, el principio de la Koinonía ha ocupado el puesto que anteriormente se le había asignado a una Iglesia considerada como "sociedad perfecta", y en la que la primacía la tenía asignada la funcionalidad y la eficacia, mientras que en el principio de la Koinonía el primer plano lo ocupan el amor y los vínculos interrelaciones. Además, el principio de la Koinonía inspira la forma en que la Iglesia debe relacionarse con el mundo: no entrando en competencia con él, sino poniéndose a su servicio, entregándose al interés común de hombres y mujeres, sobre todo los más vulnerables.

21.    El Redentorista ha estado siempre abierto al mundo; lo testimonian los muchos desplazamientos misioneros que, en el pasado, tuvieron lugar principalmente del Norte hacia el Sur y del Este hacia el Oeste. Tenemos ahí para atestiguarlo   las figuras de numerosos misioneros, valerosos y santos; sobresalen, en particular, San Juan Neumann, los Beatos Francisco Xavier Seelos y Pedro Donders, etc.

22.     Frente al pasado, hay determinados parámetros que han cambiado:

23.    Si hasta el Concilio Vaticano II prevaleció la preocupación por los " infieles que  evangelizar", hoy, el puesto cada vez más central lo ocupa el impulso que hay que dar a la promoción integral del hombre a partir de su dimensión espiritual, pero no limitándose exclusivamente a ella.

24.     Si en el pasado fue grande el deseo de procurar nuevas fundaciones para la propia familia religiosa, hoy juega un papel preponderante la preocupación por "buscar y acompañar a los más abandonados, especialmente los pobres" (XXIV Capítulo General, Principio 3) mediante una mirada global sobre el mundo.

25.   Si anteriormente la urgencia misionera se encontraba en las zonas más pobres del planeta, hoy se encuentra en todas partes: desde el mundo secularizado donde se asiste a la desertización de la fe", al continente africano, definido como una prioridad para la Congregación (XXIV Capítulo General, Decisión 8).

26.    Si en el pasado la Congregación lograba garantizar una cierta continuidad en   la prestación de determinados servicios fundamentales a nuestra familia religiosa o al bien de la Iglesia Universal (la Academia Alfonsiana, el Instituto Histórico, los Archivos Generales, la Oficina de Comunicaciones, el Centro de Espiritualidad, etc.), hoy son necesarias y urgentes nuevas alternativas que garanticen una preparación específica para trabajar en estos campos.

27.   Entretanto, hay que decir que también los parámetros de la formación, dentro y fuera de la Congregación, han cambiado. Si anteriormente la formación académica que se impartía en la mayoría de nuestros
de nuestros estudiantados trataba también temas y contenidos propios de la historia y de la espiritualidad redentorista, hoy, esto sucede solo en pocos casos. Si en el pasado era la "estructura" la que debía prevalecer, hoy, vamos comprendiendo ya que la estructura está al servicio de la persona. Si anteriormente fue el modelo "observancia" el que daba fe del buen o mal funcionamiento de un grupo en formación, hoy, vemos que lo que da fe de aquello es la atención al itinerario personal, espiritual y práctico del individuo dentro del grupo. Los ejemplos podrían multiplicarse, pero debemos retomar nuestro tema.

28.    En un futuro, que ya es presente, al candidato redentorista se le pedirá que tenga los pies bien puestos en el suelo, pero la mirada puesta en el mundo. Con otras palabras, debe conocer y valorar su propia cultura, sabiendo que ésta es un valioso don para la humanidad. Pero el candidato redentorista debe mirar también con simpatía e interés a las demás culturas. Debe comprender y madurar la esencia del carisma redentorista, sabiendo que éste no ha desarrollado aún todo su potencial debido a que ha de hacer frente a los diferentes contextos culturales.

29.     Esta actitud positiva no debe aceptarse, sin embargo, sin ciertas reservas. Valorar y aceptar otras culturas exige que se posea al mismo tiempo la capacidad de "…reconocer al mismo tiempo las  limitaciones culturales y a dar testimonio contracultural…" (XXIV Capítulo General, Decisiones, 1,4). Desde la formación inicial, es un deber exigir a todo candidato, atendiendo a su edad y a la etapa formativa en que se encuentra, que tenga  sentido crítico, capacidad de pensar por sí mismo y de no acostumbrarse a dejarse llevar por una actitud pasiva y de fácil acomodo. Según esta perspectiva, una gran ayuda se encuentra en las disciplinas humanísticas y filosóficas del curriculum académico, especialmente a través de la formación racional de la persona que permite la filosofía. Dicha racionalidad es un recurso importante para aprender a estar en guardia contra la manipulación y para tomar conciencia de las ideas que condicionan el modo de pensar de generaciones enteras.

30.    A partir de la formación inicial, debería ser también normal tener claro de qué forma el candidato muestra tener apertura o cerrazón mental hacia los demás; si es capaz o no de relacionarse con los demás viendo en su diversidad no un obstáculo, sino una riqueza en vistas a la Iglesia y a un mundo cada vez más proclive a la "comunión" a la que recurre con mayor frecuencia, así como también en vistas a una Congregación llamada a llevar a cabo su misión en términos de comunión. Obviamente, esto puede ser más fácil si el grupo en formación es internacional, o interprovincial, o pluricultural. Allí donde el cotejo y el diálogo con otras culturas y religiones es parte del hábitat cotidiano (especialmente, aunque no exclusivamente, en África y Asia), se requieren cualidades humanas y sensibilidades que deben ser seguidas con especial atención por los formadores a fin de darles aquella concreción que sólo in situ puede lograrse.
Estructuras apropiadas
Estructuras apropiadas
31.    La reestructuración de la Congregación, en vistas a la misión, "se expresa" también a través del cambio de estructuras formativas. Un cambio, que no es un fin en sí mismo, sino que está al servicio de las personas en formación y en vistas al objetivo formativo que acabamos de describir.

32.    En la formación, con mayor motivo, es válido el principio sancionado en otros ámbitos de nuestra vida; es decir, "que ninguna Unidad debe actuar de forma aislada" (XXIV Capítulo General, Decisiones 1.12) y que "La solidaridad en la misión incluye la capacidad de optimizar recursos" (XXIV  Capítulo General, Principio 4), entendiendo por recursos ante todo los humanos (XXIV Capítulo  General, Decisiones 1.8). Por tanto, el  horizonte normal de la formación inicial debe ser el de la Conferencia; y esto, entendido en términos de Ratio, como también de estructuras y prácticas.

33.    El primer criterio que hay que tomarse muy a pecho es, por tanto, el de garantizar la mejor calidad en el ámbito formativo. Evitando toda forma de paternalismo, debemos asegurarnos, no obstante, de que no ninguno de los aspectos fundamentales de la formación se sacrifica: pensemos en la competencia y preparación de los formadores, en una cierta continuidad de los formadores, en las condiciones que deben darse para el discernimiento, en la dirección espiritual, en la integración de la formación académica externa en clave redentorista, en las experiencias pastorales, etc. En los propios programas formativos debe garantizarse la continuidad a fin de que sean mantenidos por la misma lógica y espiritualidad y permitan a los candidatos seguir un camino gradual. Al tratar estos temas, deben evitarse absolutamente la superficialidad y la incorrección. A este fin, también las estructuras deben adecuarse al tiempo que los responsables deben actuar conjuntamente.

34.    Especial atención debería prestarse a aquellas Unidades que se encuentren en un estado de cierta debilidad en recursos humanos (XXIV Capítulo General, Decisiones 1.11), a  condición de que se involucren como corresponsables en un programa formativo en paridad de condiciones con las Unidades más "fuertes". Éste es un criterio que debe aplicarse a todo programa formativo interprovincial o internacional; no hay Unidades responsables de prima línea (en general, las "anfitrionas") y otras que se adecuen a sus programas. Todas son igualmente responsables y todas están llamadas a colaborar, cada una  según su capacidad. Además, debe asegurarse la colaboración o presencia (al menos periódica) de los responsables de las otras Unidades en los programas formativos comunes.

35.    A los criterios de calidad arriba mencionados, hay que agregar uno que merece  especial atención; es decir, el criterio de que se trate de una verdadera comunidad formativa. En ella, la formación no se confía  solo a los formadores responsables, sino que es fruto de un trabajo de equipo donde todos colaboran - cada uno con su cometido específico - a fin de ofrecer a los jóvenes en formación no sólo una verdadera experiencia de comunidad, sino también las  bases para un discernimiento que sea menos subjetivo del que puede tener un formador individual. He aquí la figura del Superior, del colaborador o del socio, del director espiritual, del confesor, del prefecto de estudios, del que integra en clave redentorista el estudio académico, del acompañante pastoral, etc.

36.    A este fin, a pesar de tener en cuenta los diferentes elementos en juego (económicos, lingüísticos, distancias geográficas, etc.), debe hacerse todo lo posible por tener comunidades formativas internacionales. Donde no sea posible pensar en estructuras únicas a nivel regional, deben promoverse a nivel Sub-Regional o entre Unidades vecinas.

37.    La relación entre formación y reestructuración también se expresa con la elaboración de  programas comunes, acordados entre los formadores y los superiores de las diferentes Unidades; compartiendo programas formativos o, incuso, preparándose juntos durante el tiempo anterior a la emisión de los votos perpetuos, o pensando en un curso para hermanos en período de transición (de la comunidad formativa a la "pastoral"); todas éstas son algunas de las posibles soluciones.

38.    La formación en la Congregación tiene ya sus puntos de referencia en las Constituciones y Estatutos, en las Ratio generales y particulares así como en el primer  manual de Formadores y en otros medios. El proceso de reestructuración, sin embargo, exige una atención especial tanto en términos de concretas estrategias operativas como de actitudes.
ALGUNOS ASPECTOS PRÁCTICOS
39.    Una toma de conciencia fundamental debe acompañar a todo candidato: "Sobre todo, sabrá que  él es miembro y que participa voluntariamente de la misión de una Congregación mundial, que se  toma muy en serio el desafío de estar atenta a los signos de los tiempos y de adoptar decisiones  apostólicas vitales que respondan siempre de modo nuevo a nuestra vocación misionera " (XXIV Capítulo General, Decisiones 6.17).

40.    Y además: "…se le exigirá tener una comprensión más amplia de las circunstancias cambiantes, de las realidades humanas y las prioridades apostólicas, no sólo de su Unidad, sino también de la  Conferencia a la que pertenece" (XXIV Capítulo General, Decisiones 6.16).

41.    El provincialismo, entendido en el sentido literal de "pensar en la propia Provincia", pero también como cerrazón mental a toda innovación o incapacidad de mirar más allá de los propios límites, debe ser objeto de particular discernimiento: el candidato que demuestre  al respecto una cierta rigidez o resistencia al camino propuesto debería orientársele hacia otro tipo de vocación en la Iglesia.

42.     Además, hay que estar alerta para que en la vida del candidato y del grupo se  combata, apenas aflore, cualquier forma de clasismo o racismo, explícito o manifiesto, ya sea frente a miembros de otras Unidades o países ya sea expresado en forma de categorías como superior/inferior dentro del grupo.

Actitudes
43.    La nueva mentalidad que requiere la reestructuración puede contar con multitud de soluciones formativas a tener en cuenta a lo largo de las diferentes etapas de la Formación. Concretamente, me parece oportuno señalar las siguientes:

44.    Conocer, a nivel tanto de la Conferencia como de la Congregación, la historia de la propia Unidad y la historia de las Unidades vecinas. Tal conocimiento, si se propone con una metodología adecuada, puede poner de relieve cómo la renovación continua y la reestructuración han acompañado siempre a nuestra misión; de hecho, fueron un factor decisivo para su vitalidad (XXIV Capítulo General, Decisiones 6.15).

Concretas estrategias operativas
45.    Tal conocimiento debe encuadrarse en el contexto de una historia más amplia del mundo, de las líneas generales que la caracterizaron así como de la situación actual.

46.    Especial atención merece el fenómeno de los migrantes dentro de la región geográfica de la propia Conferencia. Lo mismo debe decirse del ministerio llevado a cabo dentro de la misma Conferencia en los santuarios de los Redentoristas así como el fenómeno moderno de la devoción religiosa popular. (XXIV Capítulo General Decisiones 6.16).

47.    Programar durante el teologado el año pastoral (o etapas) teniendo presentes las posibilidades que ofrece la propia Conferencia o las demás.

48.    Prever encuentros internacionales o entre las distintas Unidades para propiciar el mutuo conocimiento, el intercambio de experiencias y de vías formativas, etc. Deben incluirse también aquí las experiencias pastorales; por ejemplo, la participación en una misión popular - si  esto se hace con participación de varias Unidades puede convertirse en un recurso eficaz.

49.    Fomentar el conocimiento de las instituciones centrales de la Congregación,  sean o no académicas (Academia Alfonsiana, Instituto Histórico, Archivos Generales, Oficina de Comunicaciones, Centro de Espiritualidad, etc.) a fin de que los candidatos estén eventualmente disponibles para trabajar en ellas, se preparen a tiempo, y se aprovechen también sus concretas especialidades. Para ello, pueden utilizarse fichas expresamente preparadas a este fin así como cursar peticiones al respecto, aprovecharse de los propios recursos de la web, o - si es posible - aprovecharse igualmente de la presencia del Consejo General durante las  Visitas a las distintas Unidades.

50.    El aprendizaje de lenguas es un signo más en vistas a la disponibilidad misionera. Mientras no exista una nueva normativa, permanecen en vigor la establecida por el Superior General en su Carta a la Congregación del 10/09/2005 (Prot. N° 0000 268/2005, en Analecta 2004-2005, Roma 2006, p. 62); es decir,

  • que todas las Unidades deben proporcionar a todos los candidatos un curso de inglés o español de tres años, al menos, de duración.
  • que los candidatos, cuya lengua materna sea el inglés o el español, aprendan otro idioma.
  • que los candidatos anglófonos de África estudien francés en lugar de español.
  • que, en la medida de lo posible, se aliente el aprendizaje del italiano.

51.    Existen otras soluciones que pueden promover dicha apertura al mundo, tales como compartir las noticias sobre la Congregación que aparecen en Scala, en las Communicanda o en otros documentos emitidos por el Gobierno General, etc.

1.    ¿Cómo vive su (V)Provincia la reestructuración? ¿Prevalece en ella la preocupación administrativa? ¿En qué medida se afirma en ella la "conversión misionera" exigida por el Capítulo General? ¿Qué resistencias advierte?

2.    ¿Cómo juzga la colaboración con las Unidades vecinas o con la (Sub)Conferencia desde una perspectiva de reestructuración?

3.    ¿Qué estrategias operativas concretas han de promoverse en la formación inicial en vistas a la reestructuración?

4.    ¿Qué iniciativas concretas deben promoverse para determinados objetivos específicos, tales como: preparación común para la emisión de los votos perpetuos, la formación continua, el acompañamiento a los cohermanos en un período de transición a la comunidad pastoral, etc.?

5.    ¿Qué medios usar (boletines, circulares, Internet, etc.) para promover dentro de Conferencia la formación a la luz de la reestructuración?

PREGUNTAS PARA POSIBLE TRABAJO EN GRUPOS O SEMINARIOS ("workshop")
Introducción
Unidades. Dichas Conferencias son una ayuda para auxiliar a los Redentoristas de un determinado continente en la revisión de su propia actividad apostólica y en su constante proceso de renovación interior a nivel personal y comunitario.


51.    Existen otras soluciones que pueden promover dicha apertura al mundo, tales como compartir las noticias sobre la Congregación que aparecen en Scala, en las Communicanda o en otros documentos emitidos por el Gobierno General, etc.