SECRETARIUS GENERALIS
DE FORMATIONE
C.SS.R.
BANNER ANIMADO IMAGENES PADRE
DOCUMENTOS Y PUBLICACIONES RECIENTES
 
 
Querido Cohermano,

Reciba con un fraterno saludo los mejores deseos en el amor de la  Madre del  Perpetuo Socorro y la presencia de nuestro Mártires Ucranianos.

El Secretariado de General de Formación expresa su apoyo a las muchas actividades realizadas en el Año de la Vocación Misionera Redentorista.  Expresamos nuestra satisfacción por la carta del P. General Brehl  en la Fiesta del Perpetuo Socorro.

En esta ocasión enviamos el tercer artículo especialmente preparado por el   P. José Ulysses Da Silva con el título El perfil del Redentorista hoy. El texto es adecuado para la lectura individual y para el trabajo en grupo. Nos comunica una visión actual de nuestra identidad. Escrito hace 2 años, plantea muchos temas que son propuesta eclesial en el Magisterio del Papa Francisco. 

El artículo presenta una visión completa y orgánica de nuestra vida y misión como individuos, comunidades y Conferencias. El artículo es útil para  la oración y  para talleres en la modalidad de "workshop". 

Este artículo es el tercero de este año vocacional,  junto con los títulos de Brendan Kelly, Predicar el Evangelio de manera siempre nueva en el Espíritu de San Alfonso del 2 de febrero y de Ronnald McAinsh, El tema del Capítulo General XXIV y la Formación, de la reciente Pascua.

Los artículos han sido publicados en las lenguas oficiales de la Congregación. Si por cualquier razón no ha recibido los anteriores los enviamos a quienes los soliciten.

Fraternalmente,

Secretariado General de Formación Redentorista




AÑO VOCACIONAL
MISIONERO REDENTORISTA


Roma, 27 de Junio, 2014    SEGF 2014/206
En la Fiesta del Perpetuo Socorro y en
la Memoria de los Mártires Ucranianos

Nuevo Artículo para la Formación Inicial y Permanente

El Perfil del Redentorista hoy
El perfil del Redentorista hoy

Por: José Ulysses Da Silva, C.Ss.R
SITIO EN CONSTRUCCIÓN
Introducción 

        Cuando yo era seminarista era muy fácil describir el perfil del Redentorista: una bella sotana, generalmente negra, totalmente abierta, pero que se cerraba partiendo del hombro derecho hacia el lateral izquierdo. Un alzacuello blanco para los sacerdotes, que los distinguía del negro  de los hermanos coadjutores, y un largo rosario que, pendiendo del fajín negro, se balanceaba al andar del misionero. ¡He aquí un genuino Redentorista, muy diferente de un Franciscano, Dominico, Salesiano, etc..! Era un perfil atractivo que nos hacía soñar con el día en que podríamos vestir aquella sotana.

        Los tiempos han cambiado. ¿Cómo identificar el perfil del Redentorista, vestido de paisano? ¿Llevará una "invisible sotana interior" para identificarse como tal en nuestros días? Seguro que sí. Tal vez el color y la línea de confección no sean visibles a simple vista. Sin embargo, detrás de cada Redentorista hay algo más, existe un
PERFIL FUNDACIONAL

        En los orígenes de nuestra familia misionera, nuestro perfil o modo de ser Redentorista era sobre todo una experiencia de vida personal y comunitaria en torno a una sola  "idea": vivir y trabajar como misioneros a favor de los abandonados y de los pobres, principalmente a través de la predicación de las santas misiones. Junto a la de San Alfonso, está la vida de este grupo misionero que se expresará en los primeros textos de nuestra Regla.

        Es importante mantener el recuerdo de aquellos que proyectaron el primer perfil  misionero redentorista: Gennaro María Sarnelli, Cesare Sportelli, Francesco Saverio Rossi, Giovanni Mazzini, Andrea Villani, Benigno Giordano, Paolo Cafaro, Vito Curzio, Gennaro Rendina, Gioacchino Gaudiello y Francesco Tartaglione. Sin duda, de este grupo fundacional también forman parte Gerardo Maiella y Clemente
Clemente María Hofbauer. Siempre estarán ahí recordándonos el sello de legitimidad de nuestro verdadero perfil misionero y el punto de referencia en cualquier iniciativa de reestructuración.

        Conocemos bien la lucha de San Alfonso por afirmar oficialmente el tipo de misionero que él deseaba; es decir, su "idea" original. Hoy, a través de documentos como el Ristretto Alfonsiano y el Supplex Libellus, somos muy conscientes de esta "idea" suya. Sin embargo, el propio San Alfonso se sintió traicionado por algunos cohermanos que, en el Capítulo de 1764, acogieron la tradición falcoiana, haciendo de menos la Regla  aprobada por Benedicto XIV en 1749. Gracias a Dios, la "idea" original de Alfonso fue recogida e integrada en nuestras actuales Constituciones y Estatutos y viene siendo  reafirmada en cada Capítulo General que se celebra.


        San Alfonso nos ha dejado, además de las Reglas, las líneas del verdadero perfil de un Redentorista. Es cierto que nuestro fundador habla de los Redentoristas que vivían en su tiempo y que procedían de la cultura del sur de Italia. Sin embargo, hay algunas características que parecen más actuales que nunca.

        Además de todas las virtudes inherentes a una vida espiritual profunda, un rasgo esencial del Redentorista, para San Alfonso, era la entrega total a las misiones y a aquellos que se encontraban pastoralmente abandonados. Históricamente, la invitación inicial directa que San Alfonso hacía para que alguien formara parte de su grupo no procedía de la preocupación por la salvación o la santificación personal. Sus compañeros debían asumir con él el compromiso permanente de hacerse misioneros itinerantes a favor de los abandonados y de los pobres. El voto de la perseverancia nos recuerda precisamente esta fidelidad a la misión, por lo que el Redentorista debía ser un hombre libre y siempre disponible. La claridad de su 'idea' hacía que convergiera en ella la vida entera del grupo misionero.

        La libertad y disponibilidad de la vida misionera exigían un consciente y explícito desprendimiento de determinadas situaciones que podían comprometerla. En sus " Avvisi spettanti alla vocazione religiosa" (Opere Ascetiche, vol. IV, pp. 396-412, Torino 1847) (Avisos respecto a la vocación religiosa), San Alfonso subraya, tanto para los Redentoristas como para todos los candidatos a la vida consagrada, la importancia de  desprenderse de la comodidad, de los familiares, de la propia estima, y de la propia  voluntad.

-       El desprendimiento de la comodidad nos lleva a asumir el voto de pobreza con todas las posibles incomodidades y carencias que la misión nos hace afrontar. Ser misionero significa sentirse contento y no sentirse preocupado incluso si llegara a faltarnos lo necesario.

-       El desprendimiento de los familiares libera al misionero de condicionamientos afectivos que podrían impedirle ir a una misión dejos de la familia.

-       El desprendimiento de la propia estima significa una renuncia radical a las  ambiciones materiales, eclesiásticas y sociales que redunden en beneficio propio. Puede dejarse todo - dice San Alfonso - pero si se permanece apegado a la propia estima, siempre seremos víctimas de nuestras ambiciones, lo que supone hacerse el mayor daño. Para seguir a Jesús, la primera
EL PERFIL 'REGULAR'

        El Capítulo General de 1764 hizo suyo, desgraciadamente, el dualismo "falcoiano"; es decir, los dos fines del Instituto: en primer lugar, la santificación de sus miembros en la vida religiosa interna y, en segundo lugar, su labor pastoral. Esta situación durará hasta la renovación del Concilio Vaticano II y su influjo sobre el perfil de los Redentoristas. Bien  fuera debido a la mentalidad de un gran formador como el P. Passerat bien se debiera al largo gobierno de su discípulo, el P. Nicolás Mauron, el hecho es que se delineó el perfil del genuino o verdadero Redentorista como un hombre de observancia regular. El definitivo criterio de pertenencia a la Congregación sería la escrupulosa observancia de todas las reglas escritas, hasta el punto de llegar a afirmarse: "El cristiano será juzgado por el Evangelio; nosotros, Redentoristas, seremos juzgados por las Constituciones". Aunque fieles a la tradición misionera de San Alfonso
EL PERFIL DE LAS NUEVAS CONSTITUCIONES

        Por disposición del Concilio Vaticano II (1962-1965), tuvimos un Capítulo General especial que duró de 1967 a 1969. Las cinco principales Constituciones del Concilio Vaticano II tuvieron un impacto directo sobre el trabajo de los Capitulares y sobre el texto de nuestras Constituciones y Estatutos. Dichas Constituciones conciliares fueron: la 'Lumen gentium', sobre la Iglesia; la 'Dei Verbum', sobre la divina revelación; la "Gaudium et Spes", sobre la Iglesia en el mundo de hoy; y la "Sacrosanctum Concilium", sobre la sagrada Liturgia. Nuestras actuales Constituciones y Estatutos fueron aprobados definitivamente el 2 de febrero de 1982, 250 Aniversario de la Fundación de la Congregación. Las Constituciones recogen el único fin de los Redentoristas en la Iglesia "…seguir el ejemplo de Jesucristo  Salvador en la predicación de la Palabra de Dios a los pobres, como  Él  dijo de sí mismo: Me envió a anunciar la buena nueva a los  pobres: Evangelizare
pobres: Evangelizare pauperibus misit me". Nuestro camino de santificación depende, por tanto, de nuestro compromiso misionero con estos dos personajes: Jesús Redentor y el pobre abandonado.

        Sin embargo, no basta solo el texto de una nueva Regla para que todo y todos se renueven. Hay toda una historia que superar y toda una historia que construir. Al igual que en el pasado, la historia está formada por personajes y por protagonistas que encarnan las reglas en sus vidas. Necesitamos nuevos 'Clemente Hofbauer', 'Gerardo Maiella', 'John Neumann', 'Peter Donders', para contemplar un nuevo perfil del Misionero Redentorista. Y no obstante, los hay como sucedió con la maravilla de los cohermanos mártires ucranianos y de tantos otros aún desconocidos.

        Las nuevas Constituciones nos han dado un bello perfil del Misionero Redentorista, que repetimos con orgullo: "Los redentoristas son apóstoles de fe robusta, de esperanza alegre, de ardiente caridad y celo encendido. No presumen de sí y practican la oración constante. Como hombres apostólicos e hijos genui¬nos de san Alfonso, siguen gozosamente a Cristo Salvador, participan de su misterio y lo anuncian con la sencillez evangélica de su vida y de su pa¬labra, y por la abnegación de sí mismos se man¬tienen disponibles para todo lo arduo a fin de llevar a todos la redención copiosa de Cristo" (C. 20). Al mismo tiempo, reconocemos con humildad cuán lejos estamos aún de esta bellísima imagen.

        Además de esta descripción, las nuevas Constituciones subrayan otros rasgos esenciales de la vida redentorista: vivir y actuar siempre dentro de la Comunidad apostólica, dedicar  la vida a la misión de Cristo Redentor a través de los votos religiosos, formarse prioritariamente para ser misionero, contar con formas de gobierno para la misión, y que las estructuras se establezcan también para la misión. Ésta es la "sotana invisible" que identifica a un Misionero Redentorista. Sin duda, se trata de una sotana más difícil de confeccionar porque debe hacérsela cada uno de nosotros.



primera condición es negarse a sí mismo y no atender nunca a los propios méritos, al prestigio social, al medrar, etc. Se encontrará más libre quien soporte los desprecios y las humillaciones que quien es ambicioso y está siempre luchando por estar en un plano superior a los demás o por conseguir prerrogativas. Según San Alfonso, quien no renuncia a la propia estima "es mejor que no entre [en la Congregación], o, si ha entrado, que se marche".

-       El desprendimiento, finalmente, de la propia voluntad da siempre al misionero la capacidad de vivir y trabajar en comunidad. Es éste el desprendimiento que vence a la cultura del individualismo en todas sus dimensiones emocionales, comunitarias y pastorales. Es justamente el voto de obediencia el que exige este desprendimiento y "esta es, entre todas, la cosa más necesaria". Sacrificar la propia voluntad es "darse totalmente a Jesucristo", es hacerle "entrega del corazón". El mundo no puede comprender "cuánto vale la vida de obediencia en comunidad" porque, incluso aunque hagamos menos, "quien lo hace todo por obediencia, está seguro de que en todo agrada a Dios". Sin lugar a dudas, para vivir así hay que estar preparado a no satisfacer los propios deseos o ideas.  Hay que aprender a saber perder con la paz. La comunidad y la misión tendrán siempre prioridad, incluso sobre el gusto personal de la oración y de los estudios - dice San Alfonso. Y repite él con Sta. María Magdalena de Pazzi: "las cosas que se hacen por obediencia son todas oración".

        Estos desprendimientos no son un fin en sí mismos. Son condiciones para ser verdaderamente misioneros al servicio de los pobres y de los abandonados y para vivir y actuar en una comunidad misionera. Representan el fondo sobre el que el Espíritu puede esculpir el perfil del genuino Redentorista.


        2. El Redentorista, anunciador explícito, profético y liberador del Evangelio a los pobres, que también se deja evangelizar por ellos.


        El XX Capítulo General de 1985 profundizó el tema del sexenio anterior, en el sentido de proponer que nuestro anuncio explícito del Evangelio llevara consigo la fuerza de una  profecía y proclamara la liberación integral de los pobres. Era necesario, a la vez,  relacionarse con los pobres considerándolos no sólo como destinatarios, sino también como agentes de la evangelización; es decir, ellos nos evangelizan porque su existencia es un reclamo a nuestra conversión personal y comunitaria, en particular referente a la pobreza. Durante aquel sexenio, el Gobierno General dirigió a la Congregación la Communicanda 4, sobre la Evangelización: "Evangelizare pauperibus et a pauperibus evangelizari" (30/3/1986); la Communicanda 10: San Alfonso, misionero de los pobres - Reflexiones con ocasión del Bicentenario de la muerte de nuestro fundador (1/7/1987); la Communicanda 11: La Comunidad Apostólica Redentorista, en sí misma una proclamación profética y liberadora del Evangelio (25/12/1988), sobre las implicaciones del tema del sexenio en nuestra vida comunitaria.

        El tema del sexenio enriquece el perfil del Redentorista con el desafío de que sea un misionero  con el arrojo del profeta al denunciar todo cuanto va contra el Evangelio y al anunciar una liberación o  redención no sólo espiritual, sino integral; es decir, de los pecados sociales y de todas las injusticias  presentes en la sociedad. Al mismo tiempo, el misionero redentorista no llega como el salvador de los  pobres, sino que se une a ellos para caminar juntos, en la dinámica de evangelizar y de ser  evangelizado. La propia existencia de los pobres debe condicionar nuestras opciones pastorales, el  contenido de nuestro mensaje, nuestra vida comunitaria, el tipo de formación, y nuestra consagración  religiosa.

        1.    El Redentorista, anunciador explícito
               del Evangelio

       El XIX Capítulo General de 1979, además de redactar el texto definitivo de las Constituciones y Estatutos, propuso como tema del sexenio: "El anuncio explícito del Evangelio" como criterio para examinar y revisar las prioridades pastorales de todas las Unidades. Esto incentivó en toda la Congregación un esfuerzo por examinar la validez de las actividades existentes y una apertura a nuevas misiones.

        El tema del sexenio deja clara una característica importante del  perfil del Redentorista: el compromiso de anunciar el Evangelio de  manera explícita a través de todas las formas posibles de  comunicación. El anuncio implícito sólo es válido mientras se espera  el momento propicio de hacerlo explícito.


        3. El redentorista, misionero de vida comunitaria apostólica
        El XXI Capítulo General de 1991 explicita la dimensión comunitaria de nuestra vida apostólica. La evangelización del Redentorista será siempre comunitaria. Su proclamación del Evangelio deberá ser una expresión de su vida comunitaria, y cuando vaya de misiones lo hará siempre en nombre de su comunidad a fin de crear o de renovar la vida fraterna y comunitaria de la Iglesia. Para vivir adecuadamente esta dimensión fundamental de la vida redentorista, el Capítulo apoya la vida comunitaria sobre la base de una evangelización  inculturada y de una espiritualidad redentorista. En definitiva, para llevar adelante el anuncio explícito, profético y liberador del Evangelio, es necesario que aquél se fundamente sobre estas tres bases: la comunidad, la inculturación del Evangelio y la espiritualidad redentorista. El tema de este Capítulo inspiró la Communicanda 1: Hacer que viva y crezca lo esencial de nuestra Vida Apostólica (1/8/1992), en la que   profundiza el tema del sexenio. La Communicanda 2: La unidad en la diversidad (14/1/1994), en la que se insiste que el dinamismo misionero sea el centro de la unidad en la diversidad y del pluralismo de la Congregación en el mundo; la Communicanda 3: Leer los signos de los tiempos (8/9/1994), en la que las estadísticas de la Congregación plantean cuestiones que requieren respuestas urgentes; la Communicanda 4: La colaboración de la comunidad redentorista con los laicos - directrices y normas (8/9/1995), en la que se proporcionan las normas para caracterizar la figura del Misionero Laico Redentorista.

        El tema del sexenio subraya la dimensión comunitaria como parte esencial del perfil del   Redentorista. Esta dimensión es en sí misma una fuerza evangelizadora. En todo caso, no se trata de  una vida comunitaria cerrada 'ad intra', sino limitada al compromiso  de una evangelización  inculturada  y nutrida de una espiritualidad propia, profundamente misionera. El Redentorista debe  asumir la convivencia fraterna diaria como testimonio de una experiencia de vida evangélica que  quiere  proponer a todos. Por tanto, habrá de estar dispuesto a 'encarnarse' en cualquier tipo de  cultura en la que quiera  proclamar la Buena Nueva de Jesús. Para esta misión deberá nutrirse de una  mística misionera que lo identifique con el Redentor y le ofrezca la razón de ser de su gozo de vivir y  de su disponibilidad misionera.


        4. ¡El Redentorista, misionero con la mística de la abundante redención!

        El XXII Capítulo General de 1997 dirige su mirada a los temas que habían sido propuestos en los Capítulos anteriores y siente la necesidad de expresar con mayor  intensidad la dimensión mística de la Vida apostólica del Redentorista. Sin mística no hay misión. Sin mística no hay motivación para perseverar en la vida de entrega misionera. Podemos exponer bellísimos temas y emplazar a todos a una apertura hacia las urgencias misioneras del mundo, pero sin una vida espiritual llena de vitalidad personal y comunitaria, no se hará nada, nada subsistirá y nada perseverará. "La espiritualidad es al mismo tiempo origen y meta de la misión" - afirma el Documento Final - y agrega: "Toda actividad misionera que no nace de un profundo compromiso con Jesús está condenada al fracaso" (nn. 5-6).
6). Se trata de una espiritualidad que depende de la relación profunda y personal con la persona de Jesús, Nuestro Redentor, y que se irradia a través del anuncio explícito, profético y liberador del Evangelio.

        Por tanto, el Redentorista no es jamás un propagandista de la Iglesia, sino un cristiano que comparte con gozo y dinamismo su experiencia personal y comunitaria de la abundante Redención. Las actividades  misioneras, la vida comunitaria, la apertura a los laicos, deben partir de la base de la Espiritualidad para estructurarse en relaciones llenas de vitalidad espiritual y no solamente de efectividad pastoral. Las Communicanda que siguieron expresaron aún mejor el tema del sexenio: La Communicanda 1 (25/2/1998): "Espiritualidad, nuestro más importante desafío", precisamente porque siempre debemos estar preparados para responder a quien nos pida razón de la esperanza que hay en nuestros corazones "(nn. 12-26, 1Ped 3,15); Communicanda 2 (14/01/2000): "Y ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio" "(1Cor 9,16), que nos recuerda que nuestra espiritualidad es intrínsecamente misionera, precisamente porque es una espiritualidad de la abundante Redención para todos; la Communicanda 4 (31/3/2002): "Un solo corazón y una sola alma", que insiste en el compromiso de solidaridad en todas las dimensiones de la vida redentorista.

       Este Capítulo exige que el perfil del Redentorista sea proyectado del interior hacia el exterior; es  decir, los rasgos distintivos de un verdadero Redentorista se encuentran en su alma, en los valores de  su espíritu, en su comprensión del Dios de Jesús, de la vida, del mundo y de su misión. Su fe se  caracteriza por ser una adhesión-unión de amor con Jesús Redentor, consciente de estar él mismo, en  primer lugar, en un proceso de redención, diariamente necesitado en su vida de la misericordia del  Padre y del amor del Redentor. Por tanto, su entrega misionera no es sino un compromiso de  respuesta total a esta experiencia de amor inmenso. Es ésta una Espiritualidad que hace al  Redentorista estar por encima de los resultados de éxito o no de la misión; es decir, hay algo mucho  más profundo que lo sostiene en la motivación misionera y en la disponibilidad para los desafíos  pastorales.


        5. El Redentorista, misionero que da la vida por la abundante Redención

        En 2003, el XXIII Capítulo General hace, una vez más, una relectura de los Capítulos anteriores y, en un esfuerzo de síntesis, también del camino recorrido. Este Capítulo propone para el nuevo sexenio un lema que es, al mismo tiempo, una invitación misionera a cada cohermano: "Dar la vida por la abundante Redención".

        La disponibilidad a dar la vida nos viene de la inmensa alegría de estar con Jesús como comunidad misionera, dispuestos a ser enviados a predicar a los más abandonados (nn.3-4). Esto, además, es consecuencia de la profesión religiosa, acto definitivo de nuestra vida misionera.

        El lema del sexenio pide, además, la reestructuración de la Congregación para emprender la solidaridad entre nosotros y orientar nuestro dinamismo apostólico en un mundo globalizado, siempre en aras de la misión. Como los discípulos de Emaús, la experiencia de estar con el Señor nos impele a ponernos en camino una vez más, sin esperar al mañana.

        El Gobierno General elabora dos Communicanda sobre este tema: Communicanda 1: "Llamados a dar la vida por la abundante Redención" (8/4/2004); y la Communicanda 2: "La Redención" (4/6/2006), que aúna tanto la dimensión espiritual, centrada en Jesús Redentor, como la necesidad de una profunda reestructuración.

        En el perfil del Redentorista, la consagración religiosa se define como entrega de la comunidad a  Cristo Redentor. Así como el Redentorista tiene como fin "seguir el ejemplo de nuestro Salvador  Jesucristo", el compromiso de dar la vida por la abundante Redención es parte esencial de su entrega. Ser Redentorista significa que éste no puede ahorrarse  su vida, sino que debe ofrecerla  generosamente y con alegría. Es su forma de continuar al Redentor, que nos amó primero y que, en  cada Eucaristía, renueva la donación de su propia vida por nosotros. Por tanto, este lema nos lleva a  vivir la realidad más profunda de la Eucaristía como comunión de vida y de misión con el Señor.



HACIA UN PERFIL INTERNACIONAL
        El nuevo milenio se inició con una enérgica llamada a una nueva Evangelización de nuestra  sociedad. Los medios de comunicación y las migraciones dieron comienzo a un fuerte cambio de la identidad cultural e incluso de la dimensión religiosa de nuestra sociedad. Las instituciones tradicionales perdieron credibilidad y poder de atracción. Tenemos la impresión de que nuestro mundo occidental se ha convertido en un punto de encuentro de numerosos pueblos y culturas que casi ni dejan espacio ya a las culturas y tradiciones seculares de este nuestro mundo occidental. Y los países que aún no han experimentado esta nueva invasión de pueblos, sufren una fragmentación social que afecta a familias y grupos sociales. Se trata en definitiva de un pluralismo inevitable que lleva a su aceptación o a actitudes radicales de oposición, perplejidad e indiferencia, esperanzas y temores. ¿Cómo llevar a cabo el anuncio explícito, profético y liberador del Evangelio en este nuevo contexto global?. ¿Cómo ser Misionero Redentorista ante esta realidad?

        El XXIV Capítulo General de 2009, consciente de estos desafíos, hizo un nuevo llamamiento bajo el lema: "Proclamar el Evangelio siempre de manera nueva (San Clemente) - renovada esperanza, renovados corazones, renovadas estructuras para la Misión". Siguiendo el ejemplo y con las palabras de San Clemente, el Capítulo pide a los cohermanos proclamar el Evangelio como algo nuevo; es decir, como una bella noticia  hasta el punto de sorprender y cautivar. ¿Cómo hacerlo?



LOS SIETE PRINCIPIOS DE LA REESTRUCTURACIÓN
LA CONGREGACIÓN SE ORGANIZA EN CINCO CONFERENCIAS
Alfonso, los Redentoristas estuvieron condicionados durante casi dos siglos por la cultura de la regla. Se trataba  verdaderamente de  un perfil 'regular'. Esta etapa vio la rápida expansión de la Congregación en todos los continentes al tiempo que las Constituciones de 1764, reafirmadas por el Capítulo de 1855, proporcionaron a los Redentoristas de todo el mundo una misma identidad y una misma cultura uniformes.

        El Capítulo nos propone el desafío de la reestructuración como camino hacia una nueva esperanza misionera comenzando por el perfil espiritual del Redentorista; es decir, a partir de un corazón renovado, e implicando las estructuras organizadoras de la Congregación.

        La reestructuración se fundamenta, por tanto, en la esperanza y en la conversión, y debería suscitar una nueva solidaridad así como una nueva disponibilidad misionera tanto en los cohermanos individualmente como en las Unidades. El objetivo de todo esto es la formación de una nueva cultura redentorista con un horizonte que trascienda los límites de nuestras Unidades y nuestros compromisos locales. Se trata realmente de un desafío, el reto de alcanzar una globalización misionera.

        Debido a que la reestructuración no es una aventura momentánea, sino un proceso consistente, el Capítulo propuso siete Principios Fundamentales que deben orientar todas las decisiones posteriores y caracterizar forzosamente el perfil del Redentorista. De estos siete principios podemos extraer algunas líneas de nuestro perfil misionero:

  • El Redentorista es para la Misión:

-     es ésta la condición absoluta para hacerse Redentorista. Esta condición será indispensable desde la promoción vocacional hasta la profesión perpetua y, a la vez, un principio que ha de orientar  toda su vida.


  • El Redentorista, debido a que es esencialmente misionero, debe despertar su Vida Apostólica, en el sentido de suscitar en sí mismo una nueva disponibilidad para la misión:

-     se trata aquí de una disponibilidad a la Congregación y no sólo a su Unidad. La profesión religiosa tiene una característica propia para el Redentorista debido a que él se consagra a vivir para siempre una "Vida Apostólica", que involucra todas las dimensiones de su ser y de su actuar para la misión.


  • El Redentorista, debido a que es esencialmente misionero, deberá buscar y acompañar a los más abandonados, especialmente los pobres. Para alcanzar este fin, deberá comprometerse con la reestructuración dentro de las Unidades y de las Conferencias, y también más allá de los límites de las Unidades y de las Conferencias:

-     No se puede ser misionero y permanecer en la inmovilidad. La movilidad personal y también de las actividades es parte integrante de la condición misionera. Acompañar a los pobres significará llevar a la práctica un desprendimiento radical, sin temor a perder lo que se había construido, incluso la seguridad personal e institucional.


  • El Redentorista, debido a que es esencialmente misionero, estar abierto a la  Solidaridad en la Misión, que incluye la facultad de optimizar los recursos humanos (hermanos y laicos) y económicos:

-       la capacidad de compartir internamente todos los recursos a disposición evitará situaciones de fragilidad en numerosas iniciativas auténticamente misioneras.


  • El Redentorista, porque es esencialmente misionero, es partidario de la asociación entre Unidades, siempre a la búsqueda de un objetivo común:

-        la pertenencia a una Unidad no podrá jamás cerrar las puertas a otras Unidades. Las urgencias misioneras deben anteponerse a la identificación local o nacional.

        Estos principios condujeron al Capítulo a tomar la decisión de proporcionar a los Redentoristas un espacio más amplio de vida y de actividad misionera organizando la Congregación en cinco Conferencias. Cada Conferencia será un nuevo nivel de autoridad para implementar las decisiones de las respectivas asambleas y estará capacitada para convocar a los cohermanos de distintas Unidades a formar nuevas comunidades misioneras.

        Esta decisión deberá comportar un profundo cambio de mentalidad en los Redentoristas de los últimos 50 años, particularmente en los miembros de muchas de las Provincias que han surgido en este tiempo y que se formaron casi exclusivamente dentro de la propia Unidad identificándose únicamente con sus propias necesidades pastorales. El horizonte misionero, fuera de la propia Unidad, se consideraba más bien como una excepción y las pocas iniciativas que surgían eran frecuentemente precarias; es decir, llevadas a cabo con lo que iba consiguiéndose en las Provincias. De ahora en adelante, desde la promoción vocacional, la propuesta a los candidatos incluirá una nueva disponibilidad a ser misionero de la Conferencia y no sólo de una concreta Unidad.

        Las Conferencias condicionarán ciertamente el perfil del futuro Redentorista. Se trata de un nuevo marco, mucho más amplio y convincente, que exigirá una apertura cultural para vivir y trabajar en comunidades interprovinciales e internacionales. Las nuevas generaciones de Redentoristas deberán hacer que prevalezca la consagración religiosa y misionera como razón para vivir y trabajar juntos más allá de las diversidades culturales, nacionales, eclesiales y provinciales. Al mismo tiempo, el interés por conocer las demás culturas así como otras lenguas debería formar parte del espíritu misionero de los Redentoristas.

        Las Conferencias amplían el horizonte de las Unidades, pero tampoco deben correr el riesgo de cerrarse sobre sí mismas. Por esto, el Capítulo propuso el trabajo en Redes (network), que requiere responsabilidad y colaboración entre las Conferencias frente a las carencias y urgencias misioneras como son la movilidad humana, los santuarios, los jóvenes, la justicia social, etc. así como también la Región de África y Madagascar.

Sin duda alguna, proporciona un nuevo perfil a la Congregación la creación de la Conferencia, que describe así el Capítulo:

  • "La Conferencia ofrece la oportunidad de una profunda revisión de la vida y del trabajo de los Redentoristas dentro de su territorio. Se trata de un foro para el discernimiento pastoral, distinto del que se lleva a cabo en las Unidades individuales o en los acuerdos entre Unidades. Es, pues, un foro donde las necesidades locales pueden ser tratadas seriamente y en un contexto más amplio.

  • Dentro de una Conferencia, el desafío de la vitalidad misionera sobrepasa los propios límites nacionales. Esto garantiza que seamos capaces de superar el provincialismo; al contrario, amplía nuestra capacidad de apreciar el desafío de la evangelización en el mundo actual.

  • La Conferencia goza de mayor capacidad para transmitir seguridad a las nuevas iniciativas apostólicas y, lo que es más importante, dar confianza a las Unidades frágiles. (En el pasado, esa seguridad venía frecuentemente dada por la solvencia de las Provincias madre).

  • En cuanto estructura, la Conferencia proporciona el ámbito apropiado para un mayor aprecio por la conservación y el desarrollo de los diversos ritos litúrgicos dentro de la Congregación.

  • En términos de recursos económicos, la Conferencia puede contar con estructuras que permitan mayor equidad y solidaridad, y posibilitar un discernimiento más eficaz teniendo en cuenta los intereses de la misión redentorista.

  • La Conferencia ayuda a discernir las posibilidades y prioridades a la hora de asumir iniciativas y aceptar invitaciones misioneras.

  • La Conferencia proporciona un horizonte de identidad más amplio para las próximas generaciones de Redentoristas.

  • La Conferencia ayuda a proporcionar dirección, visión y estrategia a la formación inicial y continua.

  • El establecimiento de comunidades internacionales e interprovinciales para la misión redentorista, y el apoyo a las mismas, es principalmente responsabilidad de la Conferencia.

  • La Conferencia asiste al Gobierno General en el gobierno de toda la Congregación." (Doc. Final)

"Perfil del cohermano Redentorista formado en esta nueva visión"
1.    El "desprendimiento" ("distacco") como lo propone san Alfonso, ¿es válido todavía y actual para el nuevo perfil del Redentorista?

2.    Los Temas propuestos por los Capítulos Generales de 1979, 1985 y 1991, 1997 y 2003 ¿han tenido impacto en el perfil de las actuales generaciones de Redentoristas?  ¿Qué hemos ganado y qué nos ha faltado hasta ahora?

3.    ¿Qué condiciones para la promoción vocacional y orientaciones básicas para la formación inicial deberían ser comunes a todas la Unidades y Conferencias de modo que nuestros candidatos puedan asimilar el nuevo perfil del Redentorista?

CON "RENOVADA ESPERANZA, RENOVADOS CORAZONES Y RENOVADAS ESTRUCTURAS PARA LA MISIÓN" PODEMOS TERMINAR HACIENDO DE LA CONSTITUCIÓN 20 UNA BELLA PLEGARIA:



JESÚS, NUESTRO SANTÍSIMO REDENTOR,
AYÚDANOS A SER DE FE ROBUSTA, DE ESPERANZA ALEGRE, DE ARDIENTE CARIDAD Y DE CELO ENCENDIDO.
QUE NO PRESUMAMOS DE NOSOTROS MISMOS Y PRACTIQUEMOS LA ORACIÓN CONSTANTE.
CONCÉDENOS SER HOMBRES APOSTÓLICOS E HIJOS GENUI¬NOS DE SAN ALFONSO,
SIGUIÉNDOTE  GOZOSAMENTE A TI, CRISTO SALVADOR.
HAZNOS PARTÍCIPES DE TU MISTERIO ANUNCIÁNDOLO CON SENCILLEZ EVANGÉLICA DE VIDA Y DE PALABRA.
FINALMENTE, AYÚDANOS A ABNEGARNOS A NOSOTROS MISMOS
Y A ESTAR SIEMPRE DISPONIBLES PARA TODO LO ARDUO A FIN DE LLEVAR A TODOS LA REDENCIÓN COPIOSA DE CRISTO. AMÉN.

Cuestiones para discusión en Taller o en debate
        El Capítulo quiso, además, describir el perfil que se desea para el Redentorista que hace  suyo este proceso de reestructuración. Los Principios de la Reestructuración garantizan la continuidad de nuestra identidad y nuestra misión como Redentoristas en la Iglesia y en el mundo. Al mismo tiempo, estos principios exigen nuevas realidades y estructuras que ofrezcan un renovado impulso a nuestra misión e identidad.

En términos concretos, éste podría ser el perfil del cohermano de la Congregación recientemente reestructurada.

  • Este hermano participará de un noviciado interprovincial, programado por Unidades pertenecientes generalmente a una misma Conferencia. Vivirá en comunidad con cohermanos de otros países, culturas e incluso otros idiomas.

  • Durante su formación inicial conocerá el carisma de la Congregación y tomará conciencia de las características específicas y apostolados especiales de su propia Unidad. Comprenderá, a partir de nuestra historia, que la constante renovación y la reestructuración son vitales para la continuidad de nuestra misión.

  • El cohermano, al hacer sus votos, se compromete con toda la Congregación, y no sólo con su Unidad particular. En la práctica, este compromiso tendrá expresión concreta en el ámbito de su Unidad y de la Conferencia a la que pertenece. En otras palabras, se le exigirá tener una comprensión más amplia de las circunstancias cambiantes, de las realidades humanas y las prioridades apostólicas, no sólo de su Unidad, sino también de la Conferencia a la que pertenece.

  • Por ejemplo, conocerá el fenómeno de la migración que se da dentro de la región geográfica de su Conferencia. Otro ejemplo, él podrá participar en el ministerio de los santuarios redentoristas dentro de su Conferencia. Este ministerio está en expansión como parte del fenómeno moderno de la devoción religiosa popular.

  • Sobre todo, sabrá que él es miembro y que participa voluntariamente de la misión de una Congregación mundial, que se toma muy en serio el desafío de estar atenta a los signos de los tiempos y de adoptar decisiones apostólicas vitales que respondan siempre de modo nuevo a nuestra vocación misionera." (Doc. F.)



UN PERFIL QUE HA DE SER REDISEÑADO


        Debemos reconocer que nosotros, los Redentoristas, nos encontramos en un proceso de reestructuración. Desde el Concilio Vaticano II, que nos condujo a la elaboración de las nuevas Constituciones y Estatutos, nos encontramos en un camino de conversión a fin de que nuestra vida apostólica traduzca cuanto el Espíritu pide de nuestra familia misionera hoy día. Esta renovación exige que recobremos nuestros orígenes y una disponibilidad creativa para afrontar nuevos desafíos.

En este nuevo contexto, ¿Cómo rediseñar el perfil del Misionero Redentorista de hoy día y del futuro?

-       En primer lugar, la reestructuración nos lleva a los orígenes de nuestra Congregación puesto que, en realidad, se nos pide una refundación en el sentido de volver a las fuentes. Será siempre a partir de los orígenes como seremos capaces de discernir y reorientar nuestros pasos en la dirección correcta. Gracias a nuestros investigadores, tenemos hoy los instrumentos para recorrer este tortuoso itinerario en el tiempo a fin de conocer el sueño de San Alfonso y contemplar la vida de nuestra primera comunidad misionera.

-       En todo caso, el perfil actual del Redentorista depende también del Concilio Vaticano II. Nuestra fe en la acción del Espíritu Santo, que suscitó el Concilio y nos regaló después las nuevas Constituciones y Estatutos, nos invita a examinar atentamente los esfuerzos de una renovación que, desde hace más de 30 años, vamos llevando hacia adelante a través de los Capítulos Generales y de todas las  iniciativas misioneras.

-       Y ahora, como en una síntesis que nos lanza hacia el futuro, "estamos llamados a proclamar el Evangelio de manera siempre nueva, con renovada esperanza, con renovados corazones y con renovadas estructuras para la misión". La reestructuración es un proyecto que involucra nuestra entera vida apostólica y debería llevarnos a recrear una nueva cultura redentorista y misionera. La convocatoria ya está hecha. Ahora debemos caminar juntos hacia un único objetivo.

        Creemos que la mirada puesta en los orígenes, el recuerdo vivo de las últimas décadas, y los desafíos del futuro nos proporcionarán las líneas de un nuevo perfil del Redentorista.




un estilo de vida y, ante todo, un carisma. No se trata del cuerpo, sino del propio espíritu. Normalmente, es la gente quien distingue y describe su perfil actual. Veamos si es posible describir con palabras las líneas características de ese perfil del Redentorista.


LAS LÍNEAS PARA UN NUEVO PERFIL

        El proyecto de las nuevas Constituciones y Estatutos requiere un proceso cultural de renovación comunitaria tanto a nivel local como a nivel provincial y continental; y esto  sólo se realiza a  largo plazo al tener que implicar a varias generaciones. Por tanto, los diversos Capítulos Generales han buscado instigar a la Congregación haciéndola caminar siempre hacia adelante por el camino de la renovación que Dios nos pide y proporcionándonos las líneas más profundas de un nuevo perfil.


        HE AQUÍ EL MODELO DE LA NUEVA "SOTANA" INVISIBLE QUE IDENTIFICARÁ AL REDENTORISTA COMO AUTÉNTICO HEREDERO DE SAN ALFONSO DE LIGUORI. ESTAMOS SEGUROS DE QUE SERÁ EL ESPÍRITU SANTO QUIEN DISEÑARÁ EN NUESTRAS ALMAS ESTE NUEVO PERFIL Y QUE SERÁ LA MADRE DEL PERPETUO SOCORRO LA QUE CONFECCIONARÁ ESTE NUEVO HÁBITO CON LA ALEGRÍA DE VER A SUS HIJOS MISIONEROS "PROCLAMAR EL EVANGELIO SIEMPRE DE MANERA NUEVA" Y PROCLAMAR SUS GLORIAS  A TODA LA GENTE QUE AÚN BUSCA LA COPIOSA REDENCIÓN DE SU HIJO Y NUESTRO SANTÍSIMO REDENTOR.