SECRETARIUS GENERALIS
DE FORMATIONE
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Querido Cohermano,

Reciba con un fraterno saludo los mejores deseos de bendición pascual

En este año dedicado a la Vocación Misionera Redentorista hemos decidido, en apoyo a la formación, enviar periódicamente a los formadores algunos artículos escritos por  varios cohermanos Redentoristas. Ellos han aceptado compartir su experiencia de manera fraterna como un servicio a los Formadores y a la Formación Redentorista.

El primer artículo ha sido escrito por el P. Brendan Kelly con el título Predicar el Evangelio  siempre de manera nueva según el espíritu de San Alfonso. El texto muy documentado y con un lenguaje directo fue escrito originalmente en inglés. Lo ofrecemos en los tres idiomas oficiales de la Congregación. Agradecemos a quienes nos han colaborado con la traducción  y revisión de  los textos en Italiano y Español. También disponemos de una traducción al Francés.

El artículo es adecuado para la lectura individual y para el trabajo en grupo. Al final  del artículo se encuentran algunas preguntas en forma de núcleos de reflexión y se pueden utilizar para talleres en la modalidad de "workshop".  Igualmente puede ser útil para la elaboración de guiones audiovisuales.  Esperamos que el único límite sea la recursiva creatividad de los cohermanos.

Reiteramos el saludo a los formadores y a sus colaboradores y de manera especial hacemos llegar nuestra voz de ánimo a los jóvenes, estudiantes y candidatos en  formación, como también a todos nuestros laicos colaboradores y asociados. Y oramos por todas sus intenciones con el deseo de abundantes frutos en este año.

Fraternalmente,


Secretariado General de Formación Redentorista
AÑO VOCACIONAL
MISIONERO REDENTORISTA


Roma, 2 de Febrero, 2014    SEGF 2014/030
Jornada de la Vida Consagrada

Nuevo Artículo para la Formación Inicial y Permanente
Predicar el Evangelio
Siempre de manera nueva
Según el espíritu de San Alfonso

Brendan J. Kelly, C.Ss.R
1 Charles, R. Christian Social Witness and Teaching, Vol. 1, (Wiltshire, UK., 1998), 247-248
Alfonso y la "nueva" situación mundial:

        Alfonso vivió justamente el  momento de transición entre el final  de la visión medieval que Europa tenía  globalmente del mundo y el comienzo de la modernidad, particularmente en sus manifestaciones políticas, económicas y filosóficas. Fue un hombre de su tiempo, esto es importante para que no le hagamos decir cosas que él no dijo. Sin embargo, tuvo una visión de cómo las cosas podrían ser diferentes al tiempo que valoró mucho lo positivo que había en aquella nueva época. Valoró positivamente, por ejemplo, la importancia de la razón en la argumentación teológica. Luchó por el respeto y el valor de la persona frente a las instituciones, las prácticas
2 Rey-Mermet, T., St. Alphonsus Ligouri: Tireless Worker for the Most Abandoned, (Translated by Jehanne-Marie Marchesi - New York: New City Press, 1989), 120
3 J.M. Lasso de la Vega, "San Alfonso:  Misionero de los pobres - Reflexión en el Bicentenario de la muerte de nuestro Fundador". Communicanda 10 (Roma: Curia General C.Ss.R, 1987) n.5.
4 Ibíd.
5 Los Incurables era el nombre dado al hospital de Santa Maria del Populo, en el que se daba cobijo a los pobres y necesitados, nombre que se daba  igualmente en casi todas las ciudades italianas  de aquel tiempo a otros hospitales similares. Venecia, por ejemplo, tenía sus Incurables donde colaboraron Francisco Xavier e Ignacio de Loyola. Antes de la pérdida de su caso en los tribunales, Alfonso había trabajado también en esta institución durante varios años.
6 F. Jones, Alphonsus de Ligouri: The Saint of Bourbon Naples, 1696-1787 (Dublin: Gill and Macmillan, 1992), 25.
7 Rey-Mermet, St. Alphonsus Ligouri: Tireless Worker, 122. 
8 Ibíd., 152.
9 Ibíd., 152.
10 Para una muy buena descripción de la vida del clero napolitano en la época de Alfonso, ver Jones, Alphonsus de Ligouri, 58-59
11 Lazzaroni, bautizados así por el mendigo bíblico Lázaro. Se trataba de una institución única  de obreros urbanos  y aun así toda una leyenda en Europa. Ver Jones, Alphonsus de Ligouri, 61-62.
12 Rey-Mermet, St. Alphonsus Ligouri: Tireless Worker, 181.
13 Rey-Mermet, "The Founder", in The History of the Congregation, 99-142 at 105-106.
14 J.M. Lasso de la Vega, "San Alfonso:  Misionero de los pobres" n.7.


tradicionales y las normas que esclavizaban  la conciencia individual y la propia persona. Pero, tal vez, lo más importante de todo sea ver lo que dolía a Alfonso  constatar cómo tanta gente sencilla era ignorada sobre todo por una Iglesia que no podía, o no hacía nada, por prestar  asistencia espiritual a quienes tenían derecho a ella de manera que pudieran conocer el amor directo y efectivo  de Dios en sus vidas.

        Todos, sin duda alguna, estamos familiarizados con la brillantez con que Alfonso ejerció  su carrera de abogado. Y estamos igualmente familiarizados con la pérdida en 1723 de un importante caso que llevó a Alfonso, desilusionado con la abogacía, a abandonar de forma definitiva los tribunales  diciendo: "Oh mundo, ahora te conozco" [2].  Este incidente puede señalarse como el primer momento importante en la conversión de Alfonso. El gesto de abandonar los tribunales no debe considerarse  simplemente como  fruto de la amargura por la derrota o el fracaso de la ambición. Comentando este incidente, Juan Manuel Lasso de la Vega sostiene que "La verdad es que, en aquel momento, recibió de Dios una iluminación que provocó el desengaño del mundo en que vivía, la desilusión de una sociedad que prometía justicia pero consentía el triunfo de la injusticia precisamente en la sede del derecho [3] ." Y añade:

        "Aunque no debemos esperar de Alfonso un análisis crítico de la sociedad, ciertamente podemos divisar en su espíritu de desprendimiento una sensibilidad crítica originada por la comprensión del ambiente social en que vivía. Más allá del caso legal, se dio cuenta de la injusticia y corrupción vigentes, que invadían las costumbres, las normas y los valores de la sociedad dominante de su tiempo  [4] ".

        Al abandonar los tribunales, la vida de Alfonso cambió de rumbo y se dedicó al trabajo entre los pobres del hospital los Incurables [5]. Aquí trabajó Alfonso incansablemente; hacía las camas, cambiaba la ropa, lavaba a los enfermos, alimentaba a los más débiles y realizaba otros menesteres  según lo que pedían los pacientes ancianos e incurables. Frederick Jones afirma que "fue aquí donde experimentó por vez primera la verdadera felicidad  de verse al servicio de Dios y donde, muy seguramente,  Dios finalmente lo llamó sin duda alguna al sacerdocio [6] ". En la noche del 29 de agosto de 1723 Alfonso oyó a Dios por dos veces que lo llamaba: "Deja el mundo y entrégate a mí [7] ".

        Éste iba a ser el segundo momento de la conversión de Alfonso que lo pondría  en camino hacia el ministerio sacerdotal. Pero incluso como seminarista, Alfonso mostró su atracción por los pobres. Siendo seminarista, los atendió y ayudó en la primera  misión que dio en una parroquia. La elección del lugar es un dato importante. No se trataba de una zona rica de la ciudad de Nápoles. La iglesia de Sant' Eligio Maggiore estaba situada en una zona golpeada por la pobreza. En los años 1720, sus 6 ó 7 mil feligreses se encontraban entre algunos de los elementos más despreciados  y más temidos que vivían en la capital. T. Rey-Mermet  describe así la zona: "Hormigueaban allí ociosos famélicos,  barqueros y traficantes, contrabandistas  y criaturas desnudas, entre las grescas de los juegos, los altercados... era desaconsejable penetrar aquella selva [8] ".

        Alfonso fue algo más que un atento alumno durante su primera misión. Aunque todavía seminarista, se involucró totalmente en ella  atrayendo a las multitudes con la animación del canto y la oración, visitando a los ancianos y enfermos en las casuchas que llamaban casa y llegando a los  corazones endurecidos  y alejados de la religión en toda aquella zona. Rey-Mermet se pregunta: "¿Sería una señal de Dios el que le hubieran enviado a predicar su primera misión entre los más pobres, los más despreciados, la escoria social y moral de su pueblo?" [9].

        Alfonso fue ordenado sacerdote en 1726. Sin embargo,  no fue un sacerdote más entre el sorprendentemente gran número  de sacerdotes  en Nápoles [10]. Como miembro de las Misiones  Apostólicas, emprendió la labor de predicar misiones. Sin embargo,  su celo apostólico no se sentía satisfecho con esto. En los llamados lazzari ( los lázaros) o lazzaroni  encontró una actividad más entre los pobres de Nápoles  [11].

        Para Alfonso, la necesidad más urgente era la de adaptar a tales lazzari  la instrucción que debía impartirse  allí, de forma  que estuviera acomodada a las específicas necesidades y a la situación de los lazzaroni que, naturalmente, desconfiaban del clero. Como respuesta a esa necesidad, Alfonso, que estaba claramente capacitado para sumergirse en la cultura de los pobres, ideó el programa apropiado.

        El movimiento  se extendió; se hicieron muy numerosos los centros donde se reunían los lazzaroni de manera que no había suficientes sacerdotes o seminaristas que tuvieran suficiente celo apostólico para ser sus capellanes. La alternativa se halló en catequistas laicos. Alfonso y un grupo de sacerdotes afines prepararon  a un grupo de catequistas con la intención de que se hicieran cargo de las reuniones cuando no se encontraran clérigos disponibles. Los historiadores han dado a este movimiento laico el nombre de Capelle Serotine o 'Capillas del Atardecer'.  Las Capelle Serotine  se convirtieron en una característica de la vida católica de toda la ciudad en cuanto a la formación religiosa y a la formación en general de los más abandonados y desprovistos de medios por  la sociedad napolitana. Rey-Mermet describe su impacto:

        "Estos grupos llegaron a ser un movimiento  de educación "de base", de mejoramiento social y saneamiento de la moral; de ayudas mutuas entre pobres; eliminación de economías basadas antes en el juego, en juergas, francachelas y desenfrenos a donde iba a parar el escuálido dinero de los hogares; conciencia profesional restaurada entre los millares de sirvientes, artesanos, operarios, comerciantes; vagancia y robos reemplazados por el trabajo; pistolas y puñales  consignados a las manos…de los confesores y sustituidos por rosarios y opúsculos de meditación sobre las máximas eternas o la pasión de Jesucristo [12] ".

        De las Cappelle Serotine  hay que destacar tres aspectos:   a) Estaban dirigidas a la gente pobre;  aunque no se aislaban de las parroquias,  los sacerdotes de las iglesias las marginaban; b) Cada uno de los grupos se convertía en un centro de conversión y en una escuela de santidad; y, c) Las capillas fueron  un apostolado de los laicos, dirigido por  laicos y su líder era un laico. El líder era un trabajador, una persona pobre como los demás. El sacerdote era simplemente un ayudante [13].

        Para organizar  estos grupos, Alfonso no se guiaba  por una visión sociológica, sino que su labor  en las Cappelle Serotine  tenía un carácter específico importante; es decir, su deseo de experimentar y comenzar  una nueva forma de evangelización al servicio de los pobres. Alfonso fue capaz de separarse del mundo de la riqueza y de los privilegios  para  entrar en otro mundo: el mundo de los espiritualmente abandonados,  abandonados porque estaban marginados y no contaban nada en la sociedad que a él le había tocado vivir. Por este motivo - concluye Lasso de la Vega - : "No podemos pedir a Alfonso una comprensión de la pobreza y una opción por los pobres como hoy existe en la Iglesia. Sin embargo, no hay duda de que en su vida hizo una opción real por los pobres [14] ".

        Aquí nos encontramos con el tercer momento de la conversión de Alfonso. Los pobres y abandonados del campo se convirtieron en la preocupación de su vida. Durante dos años oró y consultó a otros sobre su futuro; entre ellos, María Celeste Crostarosa, la fundadora de las Madres  Redentoristas; influenciado por ella, Alfonso fundó una Congregación cuya vocación específica sería la de proclamar la Palabra de Dios al pueblo abandonado que se encontraba en las zonas rurales. De esta forma, el 2 de noviembre de 1732, Alfonso, simbólicamente sobre un asno, abandonó  Nápoles para volver a Scala y hacerse cargo de la tarea de evangelizar a los pobres y abandonados del campo. Finalmente, Alfonso había encontrado la gente para la que había sido llamado a fin de dedicarles su vida y anunciarles  el Evangelio con todas sus fuerzas. Rey-Mermet puntualiza que Alfonso "rompió con su estado social y con su cultura descendiendo al planeta de los pobres que se encontraban privados de ayuda espiritual [16] ".  Siguiendo el ejemplo del Redentor, Alfonso empezó su misión encarnándose él mismo entre los abandonados de su tiempo.

        Podemos ahora comprobar el arranque de desprendimiento de Alfonso. Fue parte de su éxodo-conversión del mundo al que pertenecía al compromiso de entregar su vida a otro mundo muy distinto. Se trasladó del desencanto de un tipo de sociedad a la que pertenecía,  y con total renuncia a ella, a la aceptación de otro mundo y sociedad  en cuanto lugar en que encontraría a Cristo, el Redentor.

        En el proceso de su conversión, Alfonso llegó a descubrir cómo Cristo iba a encarnarse para él en el mundo de los pobres abandonados. Se sintió llamado no sólo a ver a Cristo en los pobres, sino a identificarse con el Redentor "que se hizo pobre a fin de que nosotros llegáramos a ser ricos" (2 Cor 8,9).

        Para Alfonso, los pobres se convirtieron en criterio para entender el amor redentor de Dios. Lo vemos en muchas de sus obras ascéticas. En su Práctica del amor a Jesucristo, por ejemplo, escribe:

        "Así, para que todos pudieran recibirle fácilmente, permaneció presente bajo la especie de pan. Si hubiera permanecido presente bajo la especie de otros determinados alimentos raros o costosos, los pobres se habrían visto privados de él. Pero no, Jesús decidió quedarse bajo la especie de pan, que cuesta poco y se encuentra en todos sitios; por lo cual, cualquiera de cualquier aldea podía encontrarlo y recibirlo [17] .

        La determinación de responder a las necesidades de los pobres abandonados llevó a Alfonso a profundizar en el propio misterio de la redención tal como él lo veía: en Jesús y su misión  encontramos nosotros nuestra identidad.

        Cuando Alfonso descubrió aquellos a los que estaba llamado, puso todas sus fuerzas y talentos a su servicio. Alfonso, el escritor y músico, compuso meditaciones sencillas y cantos; Alfonso, el teólogo, concibió la 'vita devota' y enseñó a los confesores a ser portadores de  misericordia y no  de juicio a los abandonados; Alfonso, el predicador, halló un estilo sencillo de  predicación y de renovación de la misión; Alfonso, obispo, alimentó al hambriento en tiempos de hambruna. Todo su afán fue estar unidos a fin de llevar el Evangelio a los pobres abandonados. Y, como Lasso de la Vega señala,

        "Pero únicamente en vista de los más abandonados por ser pobres es por los que fue fundador. Precisamente por ellos emprenderá su acción más trabajosa: fundar una comunidad apostólica, la Congregación del Santísimo Redentor" [18].

        Es importante señalar que, más que cualquier experiencia mística, la experiencia que movió a Alfonso a fundar su Congregación fue su encuentro con los más abandonados y su deseo de responder a sus necesidades.

        Al fundar la Congregación, Alfonso sabía que tenía que asumir un nuevo enfoque y encontrar nuevas estructuras. Félix Catalá nos dice que "la práctica de la Iglesia en aquel tiempo era la de permitir la fundación de nuevos Institutos, pero que debían adoptar alguna de las Reglas tradicionales aprobadas [normalmente la Benedictina o la Franciscana].  Alfonso insistió en una nueva regla" [19] .  A pesar de habérsele dicho que no sería aceptada, él persistió. En la Regla original,  que él mismo elaboró, la así llamada Trascriszione Cossali, expresa su propósito para la nueva Congregación:

        "El propósito de este Instituto es formar una Congregación de sacerdotes seculares, viviendo una vida en comunidad, bajo el título del Santísimo Salvador[20], sujeto a la jurisdicción de los obispos; su único objetivo será seguir el ejemplo de nuestro Salvador Jesucristo mediante la predicación de la divina Palabra a los pobres, como ya dijo de sí mismo el Señor: "Él me ha enviado para llevar la Buena Nueva a los pobres..."  (Lucas 4,18)" [21] .  

        Alfonso tenía en su mente un específico modelo de vida religiosa que partía del modelo y mentalidad monásticos. Su intuición lo llevó a actuar mediante estructuras que hicieran posible la vivencia de la redención, del amor de Dios revelado en Jesucristo, a través del reto que suponía responder a las necesidades de los pobres. Sobre esto, Alfonso hizo constantemente hincapié a los miembros de la nueva Congregación:

        "El que es llamado a la Congregación del Santísimo Redentor nunca será un verdadero seguidor de Jesucristo ni nunca se hará santo si no tiende hacia el objetivo  de su vocación y no tiene el espíritu del Instituto, que consiste en salvar almas, las almas más necesitadas de asistencia espiritual; por ejemplo, los pobres en las zonas rurales" [22].

        Tal amor por los pobres no era otra cosa que amor por el Redentor en sí, amor que era el fundamento de la vocación de los miembros del Instituto:

        'Cuando quiso comprobar si Pedro lo amaba, Jesús no le pidió sino que se entregara a la salvación de las almas: "Simón, hijo de Jonás ¿me amas?' (Jn 21,15ss)... No le pidió, como dice San Juan Crisóstomo, penitencias, oraciones o cualquiera otra cosa, sino solamente que cuidara a sus ovejas.

        …Jesucristo proclamó que acogía como hecho a sí mismo cuanto de bueno hiciéramos al más pequeño de nuestros prójimos: 'En verdad os digo que cuanto hicisteis a unos de estos hermanos míos más pequeños, a mí me lo hicisteis' (Mt. 25,40) " [23] .

        A la luz de esto, Lasso de la Vega concluye que es evidente que "Seguir al Redentor y vivir para los pobres constituyó siempre para Alfonso una única realidad que brotaba directamente de su experiencia viva y vivida. Ese es también el fin único de su Congregación" ¿[24] . Teniendo en cuenta lo anterior ¿no habría que decir que Alfonso personificó realmente el tema elegido por el XXIV Capítulo General para guiar a la Congregación hoy día comprometiéndonos  a reestructurarnos a nosotros mismos a fin de continuar este objetivo de la Congregación: 'Predicar el Evangelio siempre de manera nueva', renovada esperanza, renovados corazones, renovadas estructuras para la misión? "Seguir al Redentor y vivir para los pobres" es el reto continuo que se presenta no sólo a los Redentoristas, sino a la Iglesia universal como continuadora de la misión de ese mismo Redentor en un mundo radicalmente distinto, como lo es, el de hoy día.

Alfonso, el fundador:

        A comienzos de 1730, estando de vacaciones con un número de compañeros, Alfonso se dio de bruces con una nueva clase de pobres. Eran pastores, cabreros y demás campesinos que vivían entorno a la pequeña ciudad de Scala. Impresionado por su aislamiento y aparente abandono, fijó su atención en ellos y, con el fin de instruirles, organizó para ellos catequesis y diversas prácticas devocionales. Pero llegó el momento de regresar a Nápoles y retomar su trabajo en las Cappelle Serotine. Sin embargo, era ya  él una persona distinta. Rey-Mermet describe el cambio de Alfonso:

        "No regresó enteramente [a Nápoles]. Su corazón se quedó en Santa Maria dei Monti [como era conocida la parroquia de Scala]. Nunca dejó a sus amados pastores y cabreros. El pensamiento de su estado de necesidad le hizo llorar mientras oraba a Dios para que eligiera, entre los hijos de Abraham, a alguien que velara por su bienestar. Si no había nadie más digno que él, él mismo asumiría el reto ¿No podría ser ésta su vocación?"  [15].

        Aquí nos encontramos con el tercer momento de la conversión de Alfonso. Los pobres y abandonados del campo se convirtieron en la preocupación de su vida. Durante dos años oró y consultó a otros sobre su futuro; entre ellos, María Celeste Crostarosa, la fundadora de las Madres  Redentoristas; influenciado por ella, Alfonso fundó una Congregación cuya
15 Rey-Mermet, St. Alphonsus Ligouri: Tireless Worker, 216.
16 Rey-Mermet, St. Alphonsus Ligouri: Tireless Worker, 216.
17 "Pratica di Amar Gesu Cristo" in Opere Ascetiche, Vol. 1 (Roma: 1933) 17, citado por F. Catala, "The Option for the Poor and Its Challenge for Us in the Living of the Sexennial Theme" (conferencia inédita dada en una charla a los Redentoristas en Tailandia sobre la Misión, agosto de 2007) 11.
18 Lasso de la Vega, "San Alfonso: Misionero de los Pobres", n.14.
19 Catalá, "The Option for the Poor", página 7.
20 El nombre original de la Congregación fue Congregación del Santísimo Salvador; más tarde, cambió la Santa Sede lo cambió por Congregación del Santísimo Redentor.
21 C. Hoegerl, (ed.) Founding Texts of Redemptorists' Early Rules and Allied Documents (Roma: Collegio Sant' Alfonso, 1986) 266-267.
22 Sant' Alfonso de Ligouri, Opuscolo III, Considerazione XIII  en Opuscoli relative allo stato religioso, (Roma: Tip. Della S.C. De Propaganda Fide, 1868) 94, citado por Catalá en "The Option for the Poor", 9.
23 Ibid.
24 Lasso de la Vega, "San Alfonso: Misionero de los Pobres", n. 21.



Una "nueva" Situación Mundial:

        Ese mundo, el mundo que vivimos hoy, ha sido testigo de un período de cambios sin precedentes en la historia de la humanidad. Durante el tiempo que siguió a la Segunda Guerra Mundial fuimos testigos del derrumbamiento de los imperios coloniales, del establecimiento de numerosas nuevas naciones independientes, de rápidos descubrimientos en el campo de la tecnología, de la producción y de la asistencia sanitaria, nuevas formas fantásticas de viajar y de comunicarse, y así sucesivamente. Todo esto ha traído enormes beneficios a la humanidad y ha hecho realidad el término "aldea global".

        Sin embargo, ¡Junto a las múltiples dimensiones positivas de estos desarrollos ha habido un lado negativo! Al tiempo que reconocemos la bondad del fenómeno, denominado últimamente "globalización", ésta nos ha ocasionado un notable perjuicio. Si bien es cierto que, como resultado, se ha originado mucha riqueza, dicha riqueza está desigualmente repartida. Esto ha provocado una brecha insalvable entre ricos y pobres. La globalización de la economía
25 Shalini Mulackal, pbvm, "Consecrated Life Today: Trends and Challenges in Society and Church," Paper presented at the National Consultation (India), organized by Streevani, Pune, 24-25 January 2009.
26 José Rodriguez Carballo, ofm., "Formation for Consecrated Life in a <period of Change." Accessed at Vidimus Dominum, www.vidimusdominum.org
Odres Nuevos para Vino Nuevo:

        Al igual que Alfonso, nosotros vivimos hoy un tiempo de transición, transición de lo que se ha entendido como "modernidad" a lo que, a falta de un nombre mejor, se denomina "posmodernidad". Y de igual modo que al fundar la Congregación Alfonso se inspiró en la respuesta que había que dar a las necesidades de su nueva época, hoy estamos llamados a "refundarnos" a nosotros mismos como Congregación mediante unos "renovados corazones" y una "renovada esperanza" que permitan establecer "nuevas estructuras para la misión" a fin de que podamos "predicar el Evangelio siempre de manera nueva" a este complejo mundo.
                       
        Esta "llamada" es evidente a partir de una atenta lectura de los últimos Capítulos Generales  comenzando por el Capítulo de 1991. Es patente que ha habido una sensación de que necesitábamos algo más para ayudarnos a enfrentar las complejidades tanto de la vida moderna como de la sociedad y, al mismo tiempo, para continuar siendo fieles a nuestra identidad
31 Julma Neo, DC., "The Witness of Consecrated Life in Asia Today," Federation of Asian Bishops' Conferences Paper No. 92b, January 2010.
32 Ibid.

27 MENSAJE DEL XXIV CAPÍTULO GENERAL, 9



Una Respuesta Redentorista según
el Espíritu de San Alfonso

        Entonces ¿Cuáles son esas nuevas situaciones de misión que requieren con urgencia una  evangelización y cuáles son las nuevas estructuras que necesitamos nosotros para responder a esas nuevas situaciones? En otras palabras, ¿Cuál es el contexto en el que, como Redentoristas, llevamos a cabo nuestra misión hoy? Creo que, de forma genérica, puede aceptarse que nuestro mundo contemporáneo tiene cuatro características específicas:

1. Globalización
2. Secularización
3. Creciente brecha entre ricos y pobres
4. Pluralismo religioso.

        Cada una de las características mencionadas, referentes al mundo contemporáneo, tiene sus propias peculiaridades específicas que, muy frecuentemente,  varían de un lugar a otro. Lo que yo apuntaría, sin embargo, es que cada una
una de esas cuatro características se encuentra en cualquier parte del mundo donde, como Redentoristas, estamos viviendo y ejerciendo la pastoral. El Padre Francis Jeyaraj Rasiah, Superior Provincial de los Jesuitas de Sri Lanka, señala:

        "La Iglesia debe prestar atención a esta situación cambiante y crear tipos de pastoral capaces de responder al nuevo contexto a fin de ayudar a la gente a afrontar esta situación desconocida y amenazadora. Nuestras prácticas religiosas tradicionales deben revisarse y hacerse dinámicas para responder a las necesidades de nuestros jóvenes, de las gentes rotas y desplazadas, de los pobres, de los niños, etc..  [28] ".

        Esto es precisamente lo que hizo Alfonso en Nápoles y sus alrededores a principios del siglo XVIII cuando buscó nuevas y dinámicas formas de llegar a las gentes de su tiempo con el fin de ayudarlas a sobrellevar una situación que para ellas era desconocida y amenazadora. En este sentido, ¿Cómo respondemos hoy? Teniendo en cuenta las cuatro características anteriormente mencionadas, creo que, en cuanto Redentoristas, tenemos el desafío de llevar a cabo nuestra misión en el mundo de hoy de modos muy específicos.

        Referente a la globalización y como religiosos a los que se les ha encomendado una tarea que se pide sea profética, tenemos que entender cada vez más nuestra misión como contracultural. En particular, necesitamos examinar en qué medida somos nosotros, como Redentoristas, testigos de la verdad que proclamamos. Tal vez aquí podríamos recordar las palabras de Pablo VI en su Evangelii nuntiandi: "El hombre contemporáneo escucha más a gusto a los que dan testimonio que a los que enseñan…, o si escuchan a los que enseñan, es porque dan testimonio" [29]   No creo que sea  exagerado decir que la vida religiosa, en general, se encuentra en un estado de crisis. Para muchos de nosotros, frecuentemente las deliberaciones de nuestros Capítulos Generales y  Provinciales que reflejan un alto grado de radicalismo y de opciones difíciles de cumplir se quedan sólo en papel mojado. Si somos honestos con nosotros mismos, tendríamos que aceptar que muchos de nosotros nos sentimos arropados por zonas de comodidad y de seguridad. Esto ha dado como resultado una gran cantidad de cinismo y de desilusión entre nosotros. El malestar generalizado que existe debido al individualismo, al consumismo y al arribismo ha debilitado considerablemente en muchos de nosotros el espíritu de compromiso y de disponibilidad. Merece la pena considerar las palabras de Chittister. "San Francisco de Asís fue un escándalo; Teresa de Ávila fue un escándalo; Mary Ward fue un escándalo; la Madre McAuley fue un escándalo; Benedicta Riep fue un escándalo; Charles de Foucauld fue un escándalo; Vicente de Paul fue un escándalo [Alfonso fue un escándalo]. Nosotros, por otro lado, nos hemos convertido en lo más conveniente de lo que se considera apropiado. Nosotros escandalizamos poco, y menos aún con la fuerza que se necesitaría" ¿[30].  ¿Podemos negar esto? ¿Podemos cambiar esto?

28 Francis Jeyaraj Rasiah, S.J., "Consecrated Life Today: Trends and Challenges in Society and Church."  Talk given to Congress of Religious Meeting in the Philippines, accessible at www.aops.org/art/art-jeyarajl.htm
29 Pablo VI, Evangelii nuntiandi  (1975), n. 41
30 Shalini Mulackal, pbvm., "Consecrated Life Today




        En cuanto a la secularización, debe decirse que se ha producido silenciosamente durante muchos años. De nuevo, al igual que la globalización, ninguna parte del mundo ha escapado a su influjo. Como podemos ver, ante el influjo de la religión y de la fe gradualmente  socavado  o empujado a la marginalidad no hay nada que emerja y ocupe  su lugar. Mientras que en las generaciones pasadas la fe  y los grupos basados en la religión proporcionaban frecuentemente a muchas personas un sentido de pertenencia, hoy la gente se encuentra a menudo sola, marginada, en busca de algún lugar adonde mirar. Frecuentemente, estas personas no son materialmente pobres. Incluso pueden ser muy ricas, económicamente seguras pero, sin embargo, profundamente insatisfechas y atemorizadas. Tales personas carecen de todo tipo de paz interior. Esto es particularmente cierto en muchos de nuestros jóvenes. Un atento examen de la cultura de los jóvenes en muchas partes del mundo revela que numerosos jóvenes se sienten excluidos, que recurren a las drogas, al alcohol y a otras formas de excesos para hacer frente a la presión a que están sometidos. Demasiado frecuentemente, esto termina con la pérdida de la propia vida. Desgraciadamente, incluso dentro de la propia Iglesia, de la comunidad de creyentes, muchos se sienten también excluidos, no queridos por una u otra razón. Estas son las personas que creo  están contempladas en el Estatuto 012 de nuestras Constituciones y Estatutos: Los que no acogen el mensaje de la Iglesia como 'buena nueva'.  En este contexto, la misión para nosotros, Redentoristas, exige que busquemos activamente y lleguemos a estas gentes y grupos con la compasión revelada en la persona de Jesús, la compasión que le llevó a acercarse a la mujer encontrada en adulterio y a la mujer samaritana. ¿Cómo hacemos esto? Evidentemente, cada unidad apostólica tendrá que encontrar sus propias formas de hacerlo, pero el hecho es que estas personas existen y necesitan nuestra presencia y ayuda.

        Mientras el proceso de globalización ha transformado para bien el horizonte de algunos países, ello no ha alterado, sin embargo, el feo rostro de la pobreza en otros muchos. Por el contrario, ha hecho que sea mayor la brecha entre ricos y pobres. Con la globalización de la economía de mercado han surgido "nuevas víctimas" (por ejemplo, los "nuevos pobres" que ha producido la reciente crisis económica, las personas con VIH/SIDA, la prostitución infantil, los niños de la calle, los niños obreros, los migrantes indocumentados) y, además, ha puesto en peligro el equilibrio ecológico de nuestro mundo. Los pobres, y la realidad de su vida, han influido significativamente en la vida consagrada en la Iglesia, especialmente en la época posterior al Concilio Vaticano II. Para nosotros, la realidad de los pobres se ha convertido en la óptica desde la que reinterpretar nuestro carisma, llevándonos a una radical revisión y renovación de vida. Frecuentemente, estos esfuerzos comenzaron con un intento más consciente de alcanzar un acercamiento mayor a los pobres y de llevarnos a la inmersión entre ellos. Esto se ha reflejado a la luz del Evangelio y de nuestro carisma en encuentros de renovación o en Capítulo deliberativos. Esta experiencia con los pobres ha llevado a la revisión de trabajos, de estilo de vida, de estructuras y de programas de formación. En nuestra actividad pastoral, esta "relectura" del carisma a través de la "óptica de los pobres" ha llevado a cambios importantes: desde trabajar para los marginados hasta estar con, ser evangelizados por, recibir de y trabajar con ellos.

        Pero el proceso no ha sido fácil. Como la iglesia en general, nosotros también tenemos que luchar por liberarnos de la carga  de haber estado durante años asociados a los ricos - o al menos a la clase media. "En muchos países, el voto de pobreza ya no tiene su valor testimonial. Nuestras posesiones materiales nos distancian de los pobres a quienes estamos llamados a anunciar la Buena Nueva" [31] .  Incluso aquellos que inicialmente pudieron tener éxito en su  reorientación hacia los pobres, tuvieron que afrontar dificultades para continuar con su compromiso. Se advirtió una especie de "rendición de los miembros combatientes" entre los religiosos, o un enfriamiento de la "pasión por los pobres" que caracterizó la década de los años 70 y principios de los 80. "Se dijo que este fenómeno se explicaba por la victoria de la democracia liberal, caracterizada por el derrumbamiento de diversos regímenes socialistas y la idealización de la tecnología como si ésta tuviera todas las respuestas posibles a las cuestiones planteadas por los activistas sociales" [32]. Como anteriormente dijimos, y si hacemos caso a las actuales tendencias, seguirán creándose nuevas formas de pobreza a raíz de la creciente globalización. Sea cual fuere su forma, aquélla supondrá siempre un reto para nosotros, religiosos que estamos comprometidos con la "misión de promover la plenitud de la vida y la abundante redención". Como Redentoristas, lo que hoy se nos pide es que continuemos siendo fieles a nuestra tradición y centremos nuestra misión en los pobres y más abandonados. Esto queda muy claro para nosotros en el Estatuto 09b: "Al redentorista no le es lícito hacerse sordo al clamor de los pobres y de los oprimidos; más bien debe buscar los medios de ayudarles, a fin de que ellos, con su propio esfuerzo, puedan superar los males que los oprimen. Este elemento esencial del evangelio nunca debe faltar en la proclamación de la palabra de Dios".  En otras palabras, un componente esencial de la misión para nosotros hoy día debe ser el compromiso de entregar la vida en solidaridad con los pobres y necesitados. Esto nos lo subraya  el principio 3 de los Principios rectores de la reestructuración: "La Reestructuración para la misión debe buscar y acompañar a los más abandonados, especialmente los pobres". 

        Hace treinta años, Hans Küng escribía: "No puede haber paz entre naciones que no cuenten con religiones en paz; no hay paz entre las religiones sin un mutuo diálogo entre ellas; y no hay diálogo entre las religiones sin una profundización de sus respectivos fundamentos teológicos". Hoy, estas palabras se muestran más relevantes y desafiantes que nunca. ¡Comencemos por un ejercicio típico de San Ignacio de Loyola e imaginémonos con la Trinidad mirando hacia abajo, a la tierra, para ver cómo se desarrolla el tercer milenio del cristianismo! ¿Qué veríamos? Más de 6 mil millones de seres humanos - unos hombre, otros mujer; unos ricos, otros pobres; algunos asiáticos, otros africanos, algunos americanos, otros europeos, unos que son cristianos (1,9 mil millones); otros que son musulmanes (mil millones); unos que son hindúes (3/4 mil millones); otros que son budistas (341 millones); unos que son seguidores de nuevos movimientos religiosos (128 millones); otros que siguen religiones tradicionales (cerca de  200 millones); unos que son judíos (14 millones); otros que son agnósticos o sin religión alguna (1,1 mil millones). Sin duda alguna tendríamos que preguntarnos ¿Qué significado tiene para nuestras vidas y para nuestro testimonio como discípulos de Cristo este rico pluralismo étnico, cultural y religioso que caracteriza el mundo de Dios hoy? Y ¿Cómo debemos responder al racismo, a los prejuicios culturales, al fundamentalismo religioso, a la cruda intolerancia y al odio cruel que caracterizan el mar de las relaciones entre personas de diferentes religiones, de diferentes orígenes étnicos y culturales en el mundo de hoy? Mientras escribo este artículo, los periódicos y canales de noticias están llenos de reportajes sobre la violencia desatada  en todo el mundo como respuesta al film/documental (Inocencia de los musulmanes) que presenta al Islam bajo una luz negativa. En cuanto Redentoristas que viven y trabajan en todos los continentes no podemos echar una mano en este tema pero sí hacer frente a la realidad del pluralismo religioso. No podemos ignorar esta realidad. En mis últimos años de trabajo en Asia, cuna de todas las grandes religiones del mundo y donde los cristianos se encuentran en minoría, nunca dejó de sorprenderme ver la escasa atención que hemos dado a esta realidad. Sin embargo, si hemos de hacer caso a Küng, es obligado que indaguemos la forma de poder  responder en nuestra misión a esta acuciante realidad. ¿De qué forma podemos, en el trabajo que realicemos, promover la unidad en la diversidad? Aquí nos desafía el Principio 6 de los Principios rectores de la reestructuración: "Una parte vital de nuestra misión, tanto históricamente como en nuestra época, es la reflexión teológica enraizada en la experiencia espiritual y pastoral. Un nuevo despliegue de nuestros recursos teológicos es esencial para responder al reto de la reestructuración para la misión hoy". Seguramente el tema del pluralismo religioso es una de las cuestiones teológicas más candentes de nuestro tiempo y merece nuestra atención.

33 Caminando desde Cristo, (Walking from Christ), Rome 2002, 15
34 Vita Consecrata (1996), 65
35 VC, 65
36 VC,  109
37 Caminando desde Cristo, 15
38 José Rodriguez Carballo, Formation for Consecrated Life in a Period of Change
39 John Paul II, Apostolic Letter Novo Millennio Ineunte, Rome 2000, 1.
40 Vita Consecrata, 96-99



Cuestiones para discusión en Taller o en debate

        1. También nosotros vivimos en una época compleja, en un tiempo de transición. Es un tiempo que pide nuevas respuestas. Si miramos hacia nuestra fundación, ¿hay algo de la experiencia de Alfonso que puede servirnos para responder a la realidad de hoy? "

        ¿Cuáles son las características de la complejidad de la época en la que vivimos, en su Unidad/Conferencia? ¿De qué manera se manifiestan estas características en los candidatos en formación?

        2. "Alfonso  no tenía una perspectiva sociológica en la organización de la gente, pero su trabajo en Cappelle Serotine indica una capacidad importante, a saber, su disponibilidad para experimentar e iniciar una nueva forma de evangelización al servicio de los pobres".

        Alfonso era claramente un hombre que tenía la capacidad de adaptarse a las circunstancias las que se encontró. Como Redentoristas esta capacidad de adaptarse se hará cada vez más necesaria para nosotros como ministros en un mundo cada vez más complejo. ¿Cómo preparamos nuestros formandos  desarrollar su capacidad de adaptación?

        3. Vale la pena tener en cuenta las palabras de Chittister. "Francisco de Asís fue un escándalo; Teresa de Ávila fue un escándalo; Mary Ward fue un escándalo; la madre McAuley fue un escándalo; Benedicta Riep fue un escándalo; Charles de Foucauld fue un escándalo; Vicente de Paúl fue un escándalo [Alfonso fue un escándalo]. Por otra parte, resultamos el más decente de los decentes. Escandalizamos a pocos, y menos al poderoso". ¿Podemos negar esto? ¿Podemos cambiar esto? ¿Cómo responderían nuestros formandos a este comentario?

        4.   Como Redentoristas, hoy se nos pide seguir nuestra tradición centrando nuestra misión en los pobres y el más abandonado.   Esto aparece claro en el Estatuto 09b:  Al redentorista no le es lícito hacerse sordo al clamor de los pobres y de los oprimidos; más bien debe buscar los medios de ayudarles, a fin de que ellos, con su propio esfuerzo, puedan superar los males que los oprimen. Este elemento esencial del evangelio nunca debe faltar en la proclamación de la palabra de Dios.   En otras palabras, un componente esencial de la misión para nosotros hoy debe ser una dedicación a la solidaridad que comunica vida a los pobres y a los abandonados.
Este es el Principio 3 subrayado para nosotros por de los Principios que guían la Reestructuración: La Reestructuración para la misión debe buscar y acompañar a los más abandonados, especialmente a los pobres. 

        Hable de esto a la luz de su experiencia como formador en su Unidad/Conferencia. ¿Cómo preparamos a nuestros candidatos para buscar y acompañar al más abandonado, especialmente a los pobres?

SITIO EN CONSTRUCCIÓN
identidad como hijos de San Alfonso, enviados a continuar la misión de Jesús predicando la Buena Nueva a los pobres, especialmente a los más abandonados. En los Capítulos Generales, en los Encuentros Regionales, en las Reuniones de los  Secretariados, uno puede sentir una cierta inquietud con nuestro dinamismo apostólico en cuanto Congregación. Esto se expresa mejor en palabras del Instrumentum Laboris del XXIV Capítulo General (2009)... Se preguntaba  si habíamos perdido  nuestra  esencia "vanguardista" en términos de liberación y salvación de la entera persona humana, de  la promoción de sus derechos fundamentales de justicia y libertad (Const. 5), etc. Tal vez se haya  desdibujado nuestro sentido de misión y nuestro vigor ante los nuevos retos apostólicos (migrantes y  gente itinerante, prejuicios,  xenofobia,  "exclusión" de los pobres, etc.) Para algunos existe una  verdadera preocupación de que  el talante profético de nuestra vocación Redentorista se haya  ignorado  o se haya visto comprometido. ¿No estamos, en gran medida, instalados  en un entorno y  con unas estructuras en las que nuestro trabajo ya no es misionero a pesar de lo que  dice la Const.  15? Se preguntaba  si no habríamos renunciado a  plantearnos y a responder cuestiones de índole  incómoda, tales como '¿Dónde quiere Dios que estemos?' o '¿quiénes son los pobres abandonados?'

        La decisión del XXIV Capítulo General de 2009  de emprender un proceso de reestructuración en la Congregación, así como la adopción del tema Predicar el Evangelio siempre de manera nueva: renovada esperanza, renovados corazones, renovadas estructuras para la misión a fin de guiarnos en este proceso, es, según creo, obra del Espíritu que nos lleva a responder a algunas de estas difíciles preguntas.

        "Participamos en la misión de la Iglesia mediante "la evangelización propiamente  dicha y la opción por los pobres." (Const. 5) Queremos también ser fieles a nuestra  tradición de predicar el Evangelio de una manera siempre nueva. En este momento somos  plenamente conscientes de los emergentes campos de misión que necesitan urgentemente  de evangelización. … Necesitamos nuevas estructuras para predicar hoy el Evangelio de  manera nueva y responder a estas necesidades y urgencias pastorales" [27]

Introducción

        Me gustaría empezar estas reflexiones echando la mirada hacia atrás y fijándome en el momento de nuestra fundación como  Congregación  a principios del siglo XVIII. Fue aquél un tiempo complejo, una época de transición. La Reforma Protestante del siglo anterior había roto el mundo cristiano. Desde hacía más de un siglo, las guerras estaban a la orden del día. En medio de este caos, las estructuras que habían garantizado un cierto nivel de atención a los pobres y necesitados habían sido socavadas  y, como señala Roger Charles, "La fundamental solidaridad que existía en los pueblos y en las ciudades medievales que garantizaba que los problemas  se reconocieran y se hicieran los esfuerzos sociales que había que hacer para crear  organizaciones orientadas  a solucionarlos, se había desmoronado" [1]. Era una época nueva que pedía respuestas nuevas. En cuanto a nosotros,  también  vivíamos una época compleja, una época de transición. Era un tiempo que pedía nuevas soluciones. Si nos remontamos a nuestra Fundación  ¿Encontramos hoy en la experiencia de Alfonso algo que pueda  servirnos  a nosotros de ayuda a la hora de responder  a las realidades de hoy día?
soluciones. Si nos remontamos a nuestra Fundación  ¿Encontramos hoy en la experiencia de Alfonso algo que pueda  servirnos  a nosotros de ayuda a la hora de responder  a las realidades de hoy día?
Conclusión: Formación para la Renovación:

        Me pidieron escribir esta reflexión en un contexto de formación. Al hacerlo, me guió una importante convicción: La formación es un viaje, pero un viaje que dura toda la vida. La Formación no se refiere solamente, como declara expresamente el documento Caminando desde Cristo [33],  a los años en que nos preparamos para la profesión temporal o perpetua; al contrario, formarse es algo que nunca termina; o mejor aún, algo que comienza con la primera llamada del Señor y termina con la visita de la "hermana muerte corporal".  Esto lo afirmó también Juan Pablo II - " Precisamente por su propósito de transformar toda la persona, la exigencia de la formación no acaba nunca. En efecto, es necesario que a las personas consagradas se les proporcione hasta el fin la oportunidad de crecer en la adhesión al carisma y a la misión del propio Instituto" [34]

        El mismo documento, Vita Consecrata, describe la formación como una "progresiva asimilación de los sentimientos de Cristo" [35] . La Formación es simplemente "convertirse"[36] transformando la mente y el corazón según la mente y el corazón de Cristo. La formación es un proceso dinámico de crecimiento en el que cada individuo abre su corazón al Evangelio en la vida cotidiana, comprometiendo su propia persona a una conversión continua para seguir a Cristo mediante una mayor fidelidad al propio carisma. "Conversión" es claramente aquí la palabra clave; y esto nos lo recuerdan las  Decisiones del XXIV Capítulo General: La reestructuración para la misión es una llamada a la conversión y a una profunda renovación de nuestra Vita apostólica en todas sus dimensiones (1.3). La conversión misionera es un desafío a todos los Redentoristas, con independencia de su edad. (1.5)

        Esta conversión misionera, que transforma nuestras mentes y nuestros corazones según la mente y el corazón de Cristo, nos acerca a los gozos y a los sufrimientos de nuestros hermanos y hermanas, los hombres y mujeres de hoy. Ella nos permite también situarnos en una "realidad que, muchas veces, cambia a un ritmo frenético" [37] .  Nos permite "responder no sólo a una época de cambios - semejante a aquellas de la historia en que abundaba la novedad -  sino también a un tiempo de innovación en un momento histórico en el que los cambios son tan complejos y acelerados que es fácil perder el sentido de la orientación de manera que no sepamos adónde ir [38] .  Dicha conversión debe estar repleta de bondad y de empatía hacia el mundo tal como Dios lo ama y lo amonesta (cf. Jn 17,9). Debemos imbuirnos de perspectivas que no dejen de proyectar una visión positiva y evangélica en orden a los contextos y culturas en que nos encontramos, y que  nos permitan descubrir las oportunidades de gracia, sin precedentes, que el Señor nos ofrece. Esta conversión misionera debe ayudarnos a ir "mar adentro"[39]   y  adentrarse sin miedo en el nuevo areópago [40].  Finalmente, esta conversión misionera nos ayudará a "que nos desprendamos de lo conocido y familiar para ir hacia nuevas y proféticas exigencias misioneras, seguimos el ejemplo de San Alfonso en su éxodo de Nápoles hacia los pobres abandonados de Scala" (Mensaje del XXIV Capítulo General, 10)

economía de mercado ha dado nacimiento a "nuevas víctimas" como son los nuevos los nuevos pobres surgidos de la actual crisis económica mundial, la creciente explotación de mujeres y niños en la industria del sexo, el gran número de quienes trabajan de forma eventual con poco o ningún salario, y la realidad de los migrantes indocumentados que plantea graves problemas tanto a los países en los que aspiran vivir como a los países que abandonan. Nuevas formas de pobreza seguirán originándose a raíz de la creciente globalización, si es que han de creerse las actuales tendencias. La pobreza siempre es deshumanizante. Por tanto, sea cual fuere su forma, siempre planteará un desafío a quienes están comprometidos con la "misión de predicar la abundante redención".

        A nivel más profundo, también podemos decir, hoy más que nunca, que nuestra sociedad está fragmentada y dividida por distintos modos de etnicidad, raza, casta, género, cultura, religión y formas similares de división. El creciente individualismo está destrozando las comunidades, incluso las comunidades religiosas. Las familias se están volviendo cada vez más disfuncionales. Puesto que las personas nacen en concretas situaciones históricas, que frecuentemente se fragmentan y  quiebran, aquéllas crecen con determinadas consecuencias  psicológicas. Muchos son víctimas de males sociales tales como el abuso de menores, la violación, la prostitución, la violencia doméstica, etc. "Hay muchos en el mundo de hoy que experimentan una sensación de soledad, de falta de autoestima y autoaceptación. Muchos han interiorizado actitudes negativas como la ira contra sí mismos o contra los demás. Algunas personas buscan incluso evadirse con drogas, alcohol o  violencia. No obstante, en medio de todo esto se da por parte de muchos una creciente búsqueda de paz interior [25] ".

        Observando la realidad del mundo actual, la palabra que mejor puede describirlo es el  término "complejidad". Este complejo mundo, sin embargo,  tiene un profundo significado teológico para nosotros en cuanto Redentoristas. No se trata de algo que deba soportarse o evitarse, sino de una realidad que tiene que ser contemplada a través de los ojos de Dios y amada tal como es amada por Dios. "Es una realidad que se trueca en oportunidad de seguir a Cristo más de cerca. En este sentido, podemos decir que, en la situación del hombre y la mujer de hoy, seguir a Cristo no es algo meramente opcional - menos aún para los religiosos - sino un componente característico de ese discipulado [26] ."